Receta
para olvidar a un amor
Lienzo de Hopper.
“Habitación de un hotel”
Se escogen los sentimientos apropiados y se
majan con perejil, unas lágrimas de sal y una estrella fugaz; a continuación,
pochamos los recuerdos con más escozor y los mezclamos con azafrán, comino y un
pensamiento de añoranza, después los dejamos reposar hasta que baje la masa.
Mientras, forramos un molde
que pueda ir al horno y lo pintamos con mantequilla de colores, a poder ser en
tonos de ocasos y amaneceres, vertemos la masa de recuerdos y adornamos con la
salsa de sentimientos, y el tacto de su piel bien batidos; dejamos reposar unos
días, unos meses, o unos años, según profundidad de los ingredientes y,
vertemos con suavidad, pero firmemente, en el molde, rociamos con una buena
dosis de olvido caramelizado en violeta e introducimos en el horno que,
previamente habremos calentado a 200 grados, y dejamos pasar el tiempo.
Cuando esté en su punto,
desmoldamos —con cuidado de no dejar ningún trozo de su mirada o de su voz
enganchados en el recipiente, que luego reverdecen— y lo ponemos en una bandeja
de cristal que pueda ir al congelador. Enfriamos bien por los cuatro costados,
y ya podemos servir.
Un detalle a tener en cuenta
al partir el guiso es el de cortar con mano firme para que no nos caiga ninguna
miguita al corazón que, más tarde, pudiera echar raíz de nuevo.
Y después, cuando el pulso ya
no tiemble, lo servimos bien frío.
María Jesús

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