domingo, 10 de mayo de 2026

 





Dudas y reflexiones bienaventuradas

 

Sin ánimo de ofender a nadie, y mucho menos de hacer de profeta —¡con lo saturada que está la profesión!― tengo yo para mí, que a Jesús, el día del Sermón de la montaña, la alegría le pudo. Es natural, allí en medio de tanta florecilla, trino de pájaros y frondosos árboles, entre amigos y respirando el aire puro de entonces y, rodeado de toda la belleza que su buen padre creó, ya digo, se embriagó de hermosura y se vino arriba, y ya, en racha, nos soltó las Bienaventuranzas.

Veamos algunas de ellas que, junto a mis dudas y reflexiones, he anotado aquí en fraternal armonía.

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos… pero mi pregunta es que se hará con los pobres a secas, los de toda la vida, ¿tendrán también derecho a un trocito de reino? O los meterán en un campo de refugiados cualquiera.

Está escrito que los mansos heredarán la tierra… igual peco de desconfiada, pero no dejo de pensar lo que tardarán los terratenientes en impugnar el testamento.

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios… pero hasta el momento, el nombre del detergente, paño o gamuza, que podemos usar para limpiarlo, si es que existe, permanece en el anonimato.

*Apunte: es de suponer que, a los que, además, les brille, tendrán puntos extras para el evento.

Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios… esta sí, que sí, aquí Jesús echó los restos. Humildemente le sugiero, que tal y como está el patio desde hace más de dos mil años, vale más que Dios empiece a pensar en adoptar un venusino.

Lo que yo digo: el hombre, rodeado de hermosura, se nos vino arriba.

 

María Jesús

 

 


jueves, 30 de abril de 2026

 





Asesinato en el RIchelieu

Reseña

 

Estamos ante una novela de misterio situada en los años treinta del siglo pasado, en algún lugar del sur de Estados Unidos. La protagonista es una vieja ―para la época, claro— solterona, de buena posición, carácter agrio y vista de lince para controlar al prójimo. La señora, una auténtica dama del sur, con todo lo que ello implica en cuanto a mentalidad y trato con los subordinados y la raza negra, se hospeda en el hotel Richelieu en régimen de huésped permanente; allí también los hay temporales y, mira tú por donde, es uno de estos el primero en aparecer asesinado, justamente en la habitación de Adelaide Adams, nuestra protagonista.

A partir de aquí empiezan a desfilar unos cuantos, bastantes, personajes que nos amenizan el relato y nos van conduciendo ahora hacia un sospechoso, ahora hacia otro. Entre los secundarios tenemos, por ejemplo, a Sophie, la dueña del hotel y a su joven y ladino esposo; una madre e hija, de comportamiento harto extraño; una tía y su sobrina, esta, algo descocada; un matrimonio desgraciado y, por supuesto, el personal del hotel, que tampoco es moco de pavo. La protagonista, con mano firme y sin pelos en la lengua, nos va contando en primera persona lo que allí pasa, lo que podría pasar y hasta lo que ha pasado.

He leído por ahí que Adelaide podría ser la Marple americana, pero yo no estoy de acuerdo, este personaje prepotente y sin nada de dulzura, no me recuerda a la querida Jane con sus labores de dulces colores, sus tazas de té y sus copitas de jerez vespertino; en realidad, Adelaide no resuelve ningún crimen, aunque son varios los que aparecen en el libro; ella es más bien como el hilo conductor de los sucesos del hotel.

En mi opinión es una lectura recomendable para los aficionados a la literatura de misterio de la llamada Edad de oro de los años treinta. Tiene humor, su ladito social, sus destellos amorosos y una trama con variados giros y unos personajes creíbles y bien moldeados.

Blackmon, Anita, Asesinato en el Richelieu, editorial Siruela 2023. Traductor: Pablo González Nuevo

 

María Jesús

 


lunes, 20 de abril de 2026

 





Los caminos del Señor son inescrutables

 

Yo no tenía que estar aquí. Lo repito: yo no tenía que estar aquí. Tenía que estar sudando birras y bailando como un macaco en el concierto. Pero la vieja me tomó al asalto:

―Anda, hijo, ayúdame a subir el carro de la compra, que tienes cara de buen chaval.

Y como aún faltaba un rato para la hora en la que había quedado con la peña, pues me presté. Quién me mandaba a mí ayudar a subir carros de la compra a abuelas chochas por escaleras apestosas. «Dios te lo pagará, hijo. Ten cuidado con los escalones, que son muy traicioneros», me dijo la jodía.

Malditos escalones, maldita vieja y maldita suerte.

Y cuando se lo he explicado al hippie grandullón este de las barbas blancas y la superllave al cuello, va y me suelta con mala baba: «Chico, los caminos del Señor son inescrutables».

 

María Jesús

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 10 de abril de 2026

 





Diario de una mujer del extrarradio

 

26 marzo

Plácido domingo en el que he conseguido acabar la novela de Reyes. Creo que me ha gustado, aunque como la he leído a trompicones, del principio me acuerdo poco. Tomo nota para que la próxima: A: tenga los capítulos más cortos y, B: no tenga tantas páginas, que a veces parece que las escriben a peso.

Este trimestre creo que tendré un poco menos de tiempo porque me quiero matricular en clase de Relajación o Yoga, o algo que me desconecte del mundanal ruido o, al menos, que me lo ponga en sordina. Tengo la sensación de un tiempo acá que solo hago que recibir información, alguna o la mayoría de la cual, me la trae al pairo. Estoy empezando a no discernir entre lo importante y lo que me importa un comino.

Otro propósito de primavera es anotar las cosas que no entiendo. No ya teorías de los agujeros negros o la levedad de los seres, sino los misterios de lo cotidiano, tipo:  por qué si saco algo de una caja llena, luego me caben en ella menos cosas que antes, o por qué las frutas llevan etiquetas con más información que algunos currículos de los que trabajan en la NASA o, ya la cuestión estrella, que me gustaría ver aquí al propio Einstein resolviéndola: por qué nos cobran por las bolsas en las tiendas y luego nos lo dan todo envuelto en plásticos… mejor no anoto nada porque como dice mi sobrino pequeño, Pablo, no me daría la vida.

Diario de una mujer del extrarradio. Pérez Barrios, María Jesús, Edit. Círculo Rojo, 2024.

De venta en Amazon, Libros. CC, Buscalibre, El Corte inglés, FNAC, La Casa del libro… (Bajo demanda)

 

 

 


lunes, 30 de marzo de 2026

 






Voy buscando

Voy buscando…

alfileres de colores,

angelitos de la guarda,

piedras filosofales,

virutas de chocolate,

olores que traen historias,

amaneceres con frío,

anocheceres lejanos,

estrellas de purpurina,

gatos llenos de ternura,

buena fe por las esquinas,

bolsos llenos de secretos,

profundidades marinas,

lejanías de montañas,

libretas para escribir,

lápices por estrenar.

Voy buscando…

miradas que me acaricien,

y corazones que curen,

manos que borren las quejas,

el silencio de las nubes,

la música de las hojas

-las del árbol, las del libro-

el color de la alegría

los matices del azul,

el tono de la tristeza,

el corazón de una flor,

la mirada de una estrella,

la sonrisa en las muñecas,

la gravedad de los perros,

el misterio de las almas.

Voy buscando…

 

María Jesús

 

  

 


viernes, 20 de marzo de 2026

 





Sueños de juventud

 

En el palacio todos sabían que, en las noches de luna llena y cielo claro, podían encontrarlo en lo más alto de la montaña. Allí, catalejo en mano, observaba durante horas aquel punto azul que, sin voluntad aparente de llegar a ningún lado, giraba alrededor de la gran estrella dorada, por pura inercia.

Le enternecía ese rotar continuo y consentido, el vagar arriba y abajo de sus frágiles habitantes, sus efímeras vidas, sus historias repetidas… y decía, a quien quisiera escucharlo, que algún día él llegaría hasta allí y, con su sola presencia, cambiaría el rumbo de las cosas.

Su padre sonreía con disimulo y le seguía la corriente.

Es costumbre de los dioses no contradecir nunca a los soñadores.

 

María Jesús

 

 


martes, 10 de marzo de 2026

 



Letras de mariposas

 

Letras de mariposas

rojas, amarillas, negras

se posan sobre el cuaderno

nacen formas y colores,

doy matices y, obstinadamente,

pulo ribetes y esquinas

enhebró luego con hilos

que emergen del pensamiento

 voy escribiendo despacio

con el corazón abierto

letras de mariposas

azules, naranjas, blancas

que aletean en el aire…

Aunque quizá

nunca rocen

el pétalo de una rosa

 

María Jesús