Receta
para decirle adiós al verano
Se toma un buen pedazo de mar, cuanto más azul
y salado, mejor, y se bate bien con unas cuantas nubes a punto de nieve;
buscamos algunas puntas de sol sobrantes, que estén aún frescas, les damos una
bonita forma, y con cuidado de no quemarnos, las echamos de una en una;
seguidamente añadimos harina de estrellas fugaces, que previamente habremos
reservado en las medianías de agosto, y espolvoreamos con alegría.
Aparte, vamos recalentando
pedacitos de aire bien mezclados con suspiros y aleteos de abanicos, y le
añadimos un chorrito de música verbenera, la de habaneras al ron también puede
ser un buen sustituto. Con garbo y salero, tamizamos con aroma de jazmín y
pétalos de geranios, de manera que quede un bonito dibujo, lo más centrado
posible. Con todo en su punto, amasamos bien la nostalgia de algún atardecer dorado,
lo unimos a la manteca suave y rosada de las auroras, y lo añadimos lentamente.
Es opcional aderezar con un aleteo de gaviota
o un trino de golondrina, pero si se opta por ello, mejor en pequeñas
cantidades.
Se deja enfriar lo suficiente
para que nos quepa en la alacena de los recuerdos, y… pasamos al otoño.
María Jesús





