lunes, 20 de julio de 2026

 



                                                                                        Fotografía: Guy Dwelly


Sin venir a cuento

 

Aquel martes de agosto de 2022 amaneció, en la fabril y ajetreada ciudad de Manchester, igual que los demás días del verano, pero solo en apariencia, porque, sin venir a cuento, el tiempo había decidido caminar hacia atrás a una velocidad de vértigo. Ya a la hora del desayuno, la cola para calentar el agua del té en los hornillos de carbón, traspasaba los límites del lugar; poco después, las parrillas de hierro doraban piernas de jabalíes o espaldas de ciervos, a troche y moche; y un poco más tarde, casi a la hora del té, de las cuevas pareadas salían vivas llamaradas de hogueras recién encendidas.

La antigua ciudad, sin comerlo ni beberlo, se acercaba peligrosamente al tiempo de los velociraptores.

 

María Jesús

 

 

 

 


viernes, 10 de julio de 2026

 




Mi planta de naranja lima, José Mauro de Vasconcelos

Reseña

 

Confieso que me faltan calificativos para explicar este libro, esta joya que, aunque lleva años entrando por los ojos del corazón de los lectores, hasta ahora no había llegado a mí. Si digo que es dura, durísima, y delicadamente tierna; si digo que es tristísima, hasta el punto que es aconsejable leerla en algún lugar apartado, porque por momentos, el llanto nos puede vencer, si digo que es divertida, si digo que es poética, original y clásica a un tiempo… bueno, pues aún me quedaré corta.

Desde la voz infantil de un niño de cinco años, que de mayor quiere ser poeta, y que vive en los arrabales de algún lugar del Brasil a mediados del siglo pasado, nos llega su historia y la de la gente que lo rodea. Zezé es uno de esos personajes tocados por la varita de los dioses que de tarde en tarde sonríen a los escritores, y que entra en nuestras vidas para no salir nunca más de ellas. Su vida podría parecerse a la de algunos niños dickensianos, porque la injusticia social, el dolor, la infancia dejada de la mano de Dios, es la misma en todas partes, pero, ¡Ay, todo es más dulce si lo toca el sol del sur y no la niebla del norte!, y eso, amigos, es una trampa porque parece más fácil de digerir, algo así como si la injusticia y el maltrato, se vistieran con los colores cálidos del Brasil, pero contuviera tanta dureza como cualquier otra. A veces el olor de la rosa, disimula sus espinas. Y, a veces, también, la ternura cambia vidas.

En fin, yo aconsejo su lectura encarecidamente, porque hay veces, algunas, en que la literatura es capaz de sembrar y esparcir sus historias por la superficialidad y la indiferencia de la tierra yerma de este mundo y de nuestros corazones, y hacer crecer en ellos una planta de naranja lima.

 

Vasconcelos, José Mauro. Mi planta de naranja lima. Editorial Libros del Asteroide (2011) Traductor: Carlos Manzano

martes, 30 de junio de 2026

 





Una mosca peculiar

 

Quizá porque vio su primera luz en un oscuro rincón de una vieja y nutrida biblioteca, la mosca era culta e inteligente, y supo aprovechar bien su limitado tiempo de vida.

En los escasos veinte días que duró su existencia, desdeñó el volar muy lejos o zascandilear de aquí para allá como sus otras congéneres y, solo se posó sobre los libros de poesía que encontró abiertos y, alguna vez, sobre el lomo dulce de un par de gatos que dormitaban por allí.

Creo que un atardecer también se paseó por los pétalos de una rosa encarnada que crecía en el jardín.

Jamás sobre un ser humano.

 

María Jesús

 


sábado, 20 de junio de 2026

 





La cereza

 

La cereza, vestida de charol verde,

nace

menuda y redonda

en una primavera malva

La cereza, vestida de charol rojo,

se despereza y crece

mecida al sol y al aire tibio

de una primavera lila

La cereza, vestida de charol negro

se balancea y cae

airosamente y sin prisa

en el tapete de fina hierba…

muerte violeta,

que solo el cerezo siente.

María Jesús

 

 


miércoles, 10 de junio de 2026

 





El fin del mundo

 

Aunque son muchos los que creen que no existe, están equivocados.

El fin del mundo suele llegar al menos, una o dos veces, al final de cada siglo.

Entra tan campante y se queda unos días, a mesa puesta y cama hecha.

A veces llega en invierno, con los fríos de diciembre; otras, aparece hacia junio, coincidiendo con el solsticio de verano.

La verdad es que para poco por aquí, y durante el tiempo en que está siempre encuentra excusas, que no convencen a nadie, para posponer su trabajo. «Que si no es el momento, que si ha perdido el libro de instrucciones o la hoja de ruta, que si hoy llueve y mañana hace sol...».

Muchos empiezan a sospechar que en realidad el «señor» es un vago de tomo y lomo, que no quiere doblar el espinazo y actuar de una vez por todas.

Aunque yo creo que, en el fondo de los fondos abismales, es, simplemente, un romántico indeciso al que le da pena variar el curso de la historia.

 

María Jesús

 


sábado, 30 de mayo de 2026

 





Las ventanas en otoño

 

Las sombras parecen humanas y los humanos meras sombras que trajinan por las casas por detrás de las ventanas.

Si te fijas puedes ver los rituales familiares a través de la tela, más o menos transparente, de las cortinas echadas: meriendas, juegos, charlas intrascendentes, acaso algún gesto airado o un beso, un cuaderno de deberes extendido en una mesa, un libro dormitando entre unas manos, una mirada al vacío, una plancha que no cesa, unos pasos desganados, alguien que se inclina, una risa o un bostezo… pequeños retales de vida que se observan —si te fijas— en las tardes del otoño, más allá de las ventanas.

 

María Jesús

 

 


miércoles, 20 de mayo de 2026

 



Lágrimas

Me abandono ante cada lágrima

que cae llenando de sal mi piel

hechas del más caro dolor

forjadas en el más puro sufrimiento

educadas en la más selecta pena

escogidas una a una por el exigente corazón

como granos virginales de cristal

esencia perfecta que resbala por mi piel

acompasadamente acompañadas

por el ritmo apasionado y entregado

de mi pecho

 

María Jesús