viernes, 20 de marzo de 2026

 





Sueños de juventud

 

En el palacio todos sabían que, en las noches de luna llena y cielo claro, podían encontrarlo en lo más alto de la montaña. Allí, catalejo en mano, observaba durante horas aquel punto azul que, sin voluntad aparente de llegar a ningún lado, giraba alrededor de la gran estrella dorada, por pura inercia.

Le enternecía ese rotar continuo y consentido, el vagar arriba y abajo de sus frágiles habitantes, sus efímeras vidas, sus historias repetidas… y decía, a quien quisiera escucharlo, que algún día él llegaría hasta allí y, con su sola presencia, cambiaría el rumbo de las cosas.

Su padre sonreía con disimulo y le seguía la corriente.

Es costumbre de los dioses no contradecir nunca a los soñadores.

 

María Jesús

 

 


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