jueves, 30 de abril de 2026

 





Asesinato en el RIchelieu

Reseña

 

Estamos ante una novela de misterio situada en los años treinta del siglo pasado, en algún lugar del sur de Estados Unidos. La protagonista es una vieja ―para la época, claro— solterona, de buena posición, carácter agrio y vista de lince para controlar al prójimo. La señora, una auténtica dama del sur, con todo lo que ello implica en cuanto a mentalidad y trato con los subordinados y la raza negra, se hospeda en el hotel Richelieu en régimen de huésped permanente; allí también los hay temporales y, mira tú por donde, es uno de estos el primero en aparecer asesinado, justamente en la habitación de Adelaide Adams, nuestra protagonista.

A partir de aquí empiezan a desfilar unos cuantos, bastantes, personajes que nos amenizan el relato y nos van conduciendo ahora hacia un sospechoso, ahora hacia otro. Entre los secundarios tenemos, por ejemplo, a Sophie, la dueña del hotel y a su joven y ladino esposo; una madre e hija, de comportamiento harto extraño; una tía y su sobrina, esta, algo descocada; un matrimonio desgraciado y, por supuesto, el personal del hotel, que tampoco es moco de pavo. La protagonista, con mano firme y sin pelos en la lengua, nos va contando en primera persona lo que allí pasa, lo que podría pasar y hasta lo que ha pasado.

He leído por ahí que Adelaide podría ser la Marple americana, pero yo no estoy de acuerdo, este personaje prepotente y sin nada de dulzura, no me recuerda a la querida Jane con sus labores de dulces colores, sus tazas de té y sus copitas de jerez vespertino; en realidad, Adelaide no resuelve ningún crimen, aunque son varios los que aparecen en el libro; ella es más bien como el hilo conductor de los sucesos del hotel.

En mi opinión es una lectura recomendable para los aficionados a la literatura de misterio de la llamada Edad de oro de los años treinta. Tiene humor, su ladito social, sus destellos amorosos y una trama con variados giros y unos personajes creíbles y bien moldeados.

Blackmon, Anita, Asesinato en el Richelieu, editorial Siruela 2023. Traductor: Pablo González Nuevo

 

María Jesús

 


lunes, 20 de abril de 2026

 





Los caminos del Señor son inescrutables

 

Yo no tenía que estar aquí. Lo repito: yo no tenía que estar aquí. Tenía que estar sudando birras y bailando como un macaco en el concierto. Pero la vieja me tomó al asalto:

―Anda, hijo, ayúdame a subir el carro de la compra, que tienes cara de buen chaval.

Y como aún faltaba un rato para la hora en la que había quedado con la peña, pues me presté. Quién me mandaba a mí ayudar a subir carros de la compra a abuelas chochas por escaleras apestosas. «Dios te lo pagará, hijo. Ten cuidado con los escalones, que son muy traicioneros», me dijo la jodía.

Malditos escalones, maldita vieja y maldita suerte.

Y cuando se lo he explicado al hippie grandullón este de las barbas blancas y la superllave al cuello, va y me suelta con mala baba: «Chico, los caminos del Señor son inescrutables».

 

María Jesús

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 10 de abril de 2026

 





Diario de una mujer del extrarradio

 

26 marzo

Plácido domingo en el que he conseguido acabar la novela de Reyes. Creo que me ha gustado, aunque como la he leído a trompicones, del principio me acuerdo poco. Tomo nota para que la próxima: A: tenga los capítulos más cortos y, B: no tenga tantas páginas, que a veces parece que las escriben a peso.

Este trimestre creo que tendré un poco menos de tiempo porque me quiero matricular en clase de Relajación o Yoga, o algo que me desconecte del mundanal ruido o, al menos, que me lo ponga en sordina. Tengo la sensación de un tiempo acá que solo hago que recibir información, alguna o la mayoría de la cual, me la trae al pairo. Estoy empezando a no discernir entre lo importante y lo que me importa un comino.

Otro propósito de primavera es anotar las cosas que no entiendo. No ya teorías de los agujeros negros o la levedad de los seres, sino los misterios de lo cotidiano, tipo:  por qué si saco algo de una caja llena, luego me caben en ella menos cosas que antes, o por qué las frutas llevan etiquetas con más información que algunos currículos de los que trabajan en la NASA o, ya la cuestión estrella, que me gustaría ver aquí al propio Einstein resolviéndola: por qué nos cobran por las bolsas en las tiendas y luego nos lo dan todo envuelto en plásticos… mejor no anoto nada porque como dice mi sobrino pequeño, Pablo, no me daría la vida.

Diario de una mujer del extrarradio. Pérez Barrios, María Jesús, Edit. Círculo Rojo, 2024.

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