sábado, 29 de abril de 2023

 



Magia

 

Hay un segundo mágico en la vida

en que te sientes capaz de cualquier cosa:

Subir por la escalera

de la luna,

Ahogarte sin prisas

en una sonrisa,

Jugar al escondite

con las penas,

Hallar en el pajar

la aguja,

Rozar con los dedos

el silencio,

Viajar sin billete

al centro de la tierra,

Masticar lentamente

los colores,

Hacer punta

a la esperanza,

Buscarle las cosquillas

a la risa,

Leer cartas invisibles,

Gatear sin peligro

por las nubes,

Mecer entre los brazos

un suspiro,

Mirarte fijamente

al corazón

Hay un segundo mágico en la vida

en que te sientes capaz de cualquier cosa

María Jesús

 

 

 

lunes, 10 de abril de 2023

 



Creo que fue amor

 

Tras los cristales, tenuemente llovía.

―Creo fue amor ―afirmó la libreta de piel oscura.

―Y tú ¿qué sabes? ¿acaso te lo han dicho ellos? ―preguntó malhumorado el libro horizontal del tercer estante.

―Acaso ¿te han dicho a ti lo contrario? ―preguntó, burlón, el sacapuntas.

―¡Cómo sois! ―intervino, alzando la voz, la carpeta gruesa del rincón― Dejadla que se explique, a ver, ¿en qué te basas, libreta?

―Pues me baso... me baso... en cómo se miraron ―la libreta tartamudeó―. Él la miró de una manera especial.

―¿Cómo? ¿cómo? ―el libro de lengua se exaltó, enrojeciendo.

―No sé... como si todo a su alrededor... ―titubeó la libreta.

―Como si todo a su alrededor se hubiera borrado ¿verdad? ―intervino, con dulzura, la goma rosa.

―Sí, algo así ―convino la libreta.

―Debes de ser más precisa ―el libro de «mates» se ajustó el lomo con decisión.

―Bueno, yo no entiendo mucho de qué va esto, si pudierais explicármelo desde el principio ―se quejó, desde un extremo de la mesa, el diccionario de inglés.

La libreta de piel oscura comenzó:

―Verás, fue la otra tarde. Estaban en el comedor de la casa de él, se habían sentados juntos y hacían los deberes...

―¡Ay, qué romántico! ―suspiró un viejo libro de poemas desde un estante.

―¡Calla! ―le susurró, dándole un codazo, la muñeca de porcelana que estaba a su lado.

―Hacían los deberes y de vez en cuando sus cabezas se rozaban...

Un profundo suspiro del flexo molestó a la agenda:

―¡Oye, tú! mira lo que haces, que me pasas las hojas...

―Perdón, ha sido sin querer —se disculpó el flexo, pero poco a poco se fue encendiendo— Aunque ¡hay que ver cómo te pones por nada!

―Va, venga, continúa ―la regla, enérgica, golpeó la mesa.

―Bueno, sus cabezas se rozaban y entonces, de pronto, me caí al suelo…

―¿Te hiciste daño? ―preguntó solícita la goma blanca, que no perdía detalle― Cuando yo me caigo, bueno, mejor dicho, cuando me tiran...

―¡No acabaremos nunca! Esto será más largo que El Quijote ―refunfuñó el sacapuntas.

―¡Pardiez, malandrín! Un poco de respeto ―gritó el aludido desde el último estante mientras se sacudía el polvo.

La libreta de piel oscura siguió pacientemente:

―No, no me hice daño, solo me caí y, entonces ellos se agacharon al mismo tiempo para recogerme —siguió de corrido— y en ese instante se juntaron sus manos, y ella se puso roja, roja como...

―¿Cómo yo? ―dijo con timidez el «boli» encarnado, asomando por entre la cremallera entreabierta del pequeño estuche naranja.

―Algo así ―concedió la libreta―. Él sonrió sin dejar de mirarla y estuvieron mucho rato sin apartar las manos uno de otro, rozándolas.

―¿Cuánto rato? ¿una hora? ¿un mes? ―el reloj de pared que escuchaba, bostezando de vez en cuando, intervino muy serio.

―¡Cómo va a ser un mes! ¡Exagerado! ―exclamó una de las margaritas del jarrón de la mesita.

―No sé cuánto tiempo, un rato, más de lo normal, eso seguro ―respondió la libreta un poco molesta.

Se hizo un silencio un poco largo.

―Y ¿eso es todo? ―preguntó por fin el rotulador amarillo con su voz chillona.

Se respiraba un aire de desencanto, discretas toses fueron surgiendo desde distintos puntos de la habitación.

―¿Os parece poco? Eso fue amor, seguro ―insistió, convencida, la libreta de piel oscura mientras miraba a su alrededor, soñadora y desafiante.

Tras los cristales la lluvia seguía cayendo.

María Jesús

 

 

jueves, 30 de marzo de 2023

 



En la mitad del camino

 

En la mitad del camino,

en medio de la alta mar,

vamos achicando sueños

para que entre la realidad

dejamos caer al agua,

alguna que otra esperanza,

alguna que otra ilusión

que no nos deja avanzar

En la mitad del camino

lejos ya de aquella orilla

que nos ha visto marchar

 y aún más lejos de la otra

que nos ha de ver llegar

María Jesús

 

 

martes, 21 de marzo de 2023

 



Publicado en la Revista Almiar

 

El sueño de Max

 

Max, tumbado sobre la vieja alfombra con el hocico apoyado entre sus reumáticas patas, se despertó sobresaltado.

Otra vez aquel dichoso sueño, suspiró.

Max soñaba a menudo con alguien muy semejante a él, pero mucho más joven. Ese animal corría libre y feliz —sin collar ni cadena— por entre bosques de frondosos aromas. De repente, una niña regordeta y con dos tiesas trenzas rubias, se abalanzaba sobre él y lo cogía en brazos. Luego lo aturdía con palabras pegajosas e incomprensibles, y lo besuqueaba, llenándolo de finas babas.

Después, así, apretujándolo contra su pecho, recorrían un buen trecho hasta que, por fin, la regordeta, sin dejar de estrujarlo, chillaba:

—¡Abuelita, abuelita, mira lo que te traigo!

A partir de ahí, todo se le hacía confuso y perdía la noción del tiempo. De esos espacios en blanco solo podía rescatar breves picotazos de luz. Castigos y órdenes mezclados con palabras dulces y golosinas.

Con el paso de los años, Max se había acostumbrado a aquel sueño repetitivo e inquietante, pero seguía sin saber por qué, cuando despertaba de él, le entraban aquellas ganas feroces de atacar cualquier caperuza roja que se cruzara en su camino.

María Jesús

 

viernes, 10 de marzo de 2023

 


Albor violeta

 

Entró con paso calmo en los grandes almacenes. Una vez dentro titubeó, dudó y miró a izquierda y derecha, aunque no buscaba a nadie.

    Se le inundaron los ojos de gente desconocida que iba y venía rozándola sin mirarla.

    Suspiró hondo y hundió las manos en los bolsillos del abrigo negro. Un paso al frente. Los olores a cremas y perfumes conducían certeramente a la sección de cosmética.

    De pronto los colores: rosas, naranjas, malvas, rojos y marrones la tomaron al asalto, ¡hacía tanto tiempo que todo lo veía gris, apagado, sin matices! cuidadosamente tomó la muestra violeta y se pintó una línea en el dorso de la mano.

    Apareció, como surgida de la nada o como si fuera parte del aire perfumado, una joven sonriente; vestía el uniforme, falda oscura y blusa de rayas, de los grandes almacenes.

    ―Es el color de moda: Albor violeta, nos ha llegado nuevo esta semana ―explicó.

    No podía mirarla a los ojos, la mano de la línea violeta temblaba un poco.

    La joven insistió:

    ―Yo creo que es su color —dijo, y la observó con mirada profesional— A las rubias de piel tan blanca, el violeta les queda fenomenal ―ánimo con voz convincente.

    Ella esbozó una sonrisa, miró la etiqueta del precio y sin vacilar, sacó el dinero del monedero y lo pagó. Mientras la dependienta le guardaba el lápiz en una diminuta bolsa de plástico, preguntó por los lavabos.

    ―En la primera planta ―respondió la joven, y dándole mecánicamente las gracias por la compra, se alejó tan rápidamente como había llegado.

    Primera planta: lavabos, espejos... la imagen, desconocida casi, la miraba como a una extraña. Arrugas pequeñitas alrededor de la boca y de los ojos, profundas ojeras violáceas circundando una mirada excesivamente brillante.

    Demasiado dolor en poco tiempo. Cinco meses de soledad y de llanto, de desespero… cinco meses sin apenas pisar la calle, intentando olvidar aquellas palabras que se le clavaron como pequeños puñales en el centro de su alma, paralizando todos sus sentidos. «La noticia», se dijo mentalmente. Aún sentía en su interior la voz ―compasiva, pero distante―  de un agente que le comunicaba que lamentaba tener que darle aquella noticia, pero que Jorge Sánchez Valente, su marido, había muerto en un accidente de coche, aquella mañana.

Cinco meses para alejar los recuerdos de diez años de vida compartida. Cinco meses para dejar de sufrir, para dejar de sentir.

    Hoy, por fin, una tibia tregua para su corazón herido. Un guiño de la esperanza, no sabía cómo ni en qué momento, la habían hecho salir a la calle. Una voz añorada le había susurrado en silencio: «Qué guapa estás cuando te pintas los labios».

    La mujer sacó de la bolsita, ridícula y casi transparente, la barra de carmín, que temblaba entre sus manos inseguras. Se entreabrieron los labios, pálidos y resecos y, poco a poco, como entra el sol en una estancia, al ir entreabriendo lentamente una ventana, la luz volvió a ellos.

    Salió con paso ligero de los grandes almacenes. Las manos, sosegadas, se abrocharon el abrigo. Hacía frío, pero la vida, disfrazada de violeta, empezaba, de nuevo, su camino.

María Jesús

 

 

 

 

 

 

martes, 28 de febrero de 2023

 




Crepúsculo

 

Sobre el rojizo puente

desprevenida camina,

de vuelta a casa,

la luz del día

al otro extremo,

estrella en mano,

la noche espera

                                          María Jesús

 

sábado, 18 de febrero de 2023

 



   



Seleccionado en Certamen Javier Tomeo

Publicado en «Compromiso y cultura», abril 2020

 

 

Revolución

 

  ―¡Compañeros! ha llegado el momento de que el pueblo tome el poder ¿estamos todos de acuerdo?

   Un rugido ensordecedor impregnó el viciado aire de la tarde.

   ―¡Viva la libertad! ―gritaban, mientras de un rincón a otro se iba extendiendo la euforia.

   ―Queda instaurada la república popular de las cartas ―proclamó subida al tapete la sota de bastos dándole la mano a un emocionado as de espadas.

   El siete de copas montó sobre su borde a un pequeño tres de oros para que no se perdiera aquel momento histórico.

   El único rey que quedaba y su esposa marcharon camino del exilio, más allá de la redonda mesa de juegos.

 Esparcidas por la verde superficie, se veían las cabezas recortadas de los demás nobles que no admitieron la derrota

   ―¡Viva la libertad!  ―volvieron a vocear los exsúbditos.

   Desde el interior del estuche de cartón, el comodín, escéptico, sonreía.

María Jesús