lunes, 20 de abril de 2026

 





Los caminos del Señor son inescrutables

 

Yo no tenía que estar aquí. Lo repito: yo no tenía que estar aquí. Tenía que estar sudando birras y bailando como un macaco en el concierto. Pero la vieja me tomó al asalto:

―Anda, hijo, ayúdame a subir el carro de la compra, que tienes cara de buen chaval.

Y como aún faltaba un rato para la hora en la que había quedado con la peña, pues me presté. Quién me mandaba a mí ayudar a subir carros de la compra a abuelas chochas por escaleras apestosas. «Dios te lo pagará, hijo. Ten cuidado con los escalones, que son muy traicioneros», me dijo la jodía.

Malditos escalones, maldita vieja y maldita suerte.

Y cuando se lo he explicado al hippie grandullón este de las barbas blancas y la superllave al cuello, va y me suelta con mala baba: «Chico, los caminos del Señor son inescrutables».

 

María Jesús

 

 

 

 

 

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario