Dudas
y reflexiones bienaventuradas
Sin ánimo de ofender a nadie, y mucho menos de
hacer de profeta —¡con lo saturada que está la profesión!― tengo yo para mí,
que a Jesús, el día del Sermón de la montaña, la alegría le pudo. Es natural,
allí en medio de tanta florecilla, trino de pájaros y frondosos árboles, entre
amigos y respirando el aire puro de entonces y, rodeado de toda la belleza que
su buen padre creó, ya digo, se embriagó de hermosura y se vino arriba, y ya,
en racha, nos soltó las Bienaventuranzas.
Veamos algunas de ellas que, junto
a mis dudas y reflexiones, he anotado aquí en fraternal armonía.
Bienaventurados los pobres de
espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos… pero mi pregunta es que se
hará con los pobres a secas, los de toda la vida, ¿tendrán también derecho a un
trocito de reino? O los meterán en un campo de refugiados cualquiera.
Está escrito que los mansos
heredarán la tierra… igual peco de desconfiada, pero no dejo de pensar lo que
tardarán los terratenientes en impugnar el testamento.
Bienaventurados los limpios de
corazón porque ellos verán a Dios… pero hasta el momento, el nombre del
detergente, paño o gamuza, que podemos usar para limpiarlo, si es que existe, permanece
en el anonimato.
*Apunte: es de suponer que, a
los que, además, les brille, tendrán puntos extras para el evento.
Bienaventurados los que buscan
la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios… esta sí, que sí, aquí Jesús
echó los restos. Humildemente le sugiero, que tal y como está el patio desde
hace más de dos mil años, vale más que Dios empiece a pensar en adoptar un
venusino.
Lo que yo digo: el hombre,
rodeado de hermosura, se nos vino arriba.
María
Jesús

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