viernes, 23 de junio de 2023

 

 




De malva el ocaso

 

De malva el ocaso,

de malva y oro.

La noche se despereza,

mi mirada se pasea

por esa estrella temprana

¡Tan lejana!

María Jesús

 

sábado, 10 de junio de 2023

 



Los tiempos cambian, los hábitos permanecen

 

…Claro para ti todo es muy fácil, tú ahí, que ni sientes ni padeces, bueno, sí, ya sé que padeciste lo tuyo, pero ya ha llovido mucho desde entonces. Dos mil años han pasado, que se dice pronto… y anda que no han cambiado los tiempos… Espera que encienda un cirio, así el personal se anima y encienden otros; esto es como lo de los mendigos, que ellos ponen la primera moneda de su mano y, sino, fíjate en el de la puerta: rumano o boliviano o qué sé yo, que ya he perdido la cuenta de los países que se nos han metido aquí, con lo bien delimitadito que lo teníamos todo antes… ¡Tu padre sea alabado! por ahí viene doña Obdulia, la vieja esa tan pesada. Voy a hacerme el ocupado antes de que me pille… digo yo que también le podría haber dado por la fe musulmana o por la de los budistas esos que están tan de moda… perdona, no es que te quiera quitar almas, es que a esta mujer no hay cristiano que la aguante. Cada día a confesar y a oír misa, que para mí que los pecados se los inventa, ¡Si no le da tiempo! Ayer, sin ir más lejos, después de tenerme tres cuartos de hora en el confesionario intentando recordar ―«No desespere, padre, que alguno saldrá»― va y me dice que ha cometido pecado de negligencia porque se le pegaron las lentejas mientras hablaba con la vecina. Y a ver qué penitencia le impongo. Penitencia la mía, que ésta viene aquí como quien va al casino; cualquier día, cuando yo diga lo del «cuerpo de Cristo», ella dirá: ¡Bingo! en lugar de amén.

Pero a ti no te puedo engañar, tú ya sabes que la que de verdad me preocupa, la que me trae por la calle de la amargura, es la otra, la de la limpieza. Esa sí que si no fuera porque voy teniendo una edad, y los placeres de la carne ya poco me mortifican, pues me veía con el cilicio como en aquellos gloriosos tiempos de orden y control; porque a ver, vale que la de Cáritas me traiga chicas en situaciones desesperadas, que ya sabemos que los tiempos están muy malos y aquí debemos practicar la caridad cristiana, pero esta rusa, que no habla ni una palabra de español y que, eso sí, sonríe mucho y ¡fuma!, a escondidas, pero fuma, que por más incienso que le eche a la sacristía, el olorcillo me deja los hábitos como si fueran las cortinas de un bar de alterne y luego, cuando digo la misa, los monaguillos, ¡vaya dos diablos! con perdón, se ríen y se guiñan el ojo, que yo sé que piensan que el tabaco es mío y yo, otros sí, pero  ese vicio no lo he tenido nunca, que tú lo sabes…¡Uf! ¡Qué se acerca la pecadora de las lentejas otra vez…! A ver qué hago para que no me enganche… voy a arreglarte las flores, están un poco secas, pero te tienen que aguantar hasta el jueves, que aquí también llegan los recortes ¡Qué tiempos, Señor, qué tiempos! Pues como te iba diciendo, esta rusa: Verana o Betsana ―un nombre que cualquiera sabe de dónde lo han sacado esos bárbaros de las estepas― claro, que ¿qué se puede esperar de los comunistas? Ya sé, ya sé que ahora son como nosotros, al menos por fuera se parecen, pero quién tuvo y retuvo… Bueno, a lo que iba, no quiero ser mal pensado, tú padre me libre de ello, pero esa mujer va con esa falda tan corta y esos tacones tan altos y luego esos labios que parecen rodajas de sobrasada siempre entreabiertos… pues yo creo, de mí para ti, que es una pecadora, bueno, una prostituta, una grandísima puta ¡Vaya! y perdóname la blasfemia, pero las cosas claras y el chocolate espeso, que decía el padre Gregorio, que supongo que andará por ahí disfrutando de la gloria y tocando la cítara,  aunque si sigue con el mismo oído para la música que tenía en la tierra no vais a ganar para algodones… en fin, que yo ya tengo unos añitos, pero ¡hombre! esos contoneos cuando limpia los cálices y le saca el polvo a los libros de los salmos hacen que se remueva lo que no se tiene que remover, tú ya me entiendes, que también fuiste hombre, divino, pero hombre, aunque ahora que lo pienso: tú, voto de castidad, no hiciste ¿no?

María Jesús

 

 

 

martes, 30 de mayo de 2023

 



Publicado en la Revista Almiar

 

No ser

 

No ser.
No saber que he sido:
ni escama de pez
ni piel de gusano
ni pluma de ave
ni aliento de lobo
ni mujer ni hombre
ni flor de manzano
ni gota de mar
ni polvo de estrella
ni señal de un beso
ni roce de mano
ni luz de memoria.
No ser.
No saber qué he sido.

                                                 María Jesús

 

 

domingo, 21 de mayo de 2023

 


La cabeza a pájaros

 

La manzana era quien llevaba la batuta:

―Tenemos que hacer algo. Hay que organizarse ―la voz un poco pastosa se extendía por todos los rincones.

El tarro de mermelada de ciruela, antaño de un verde oliva y ahora casi gris, asentía lleno de ímpetu:

―Eso, eso.

―¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ―se preguntaban, sin responderse, la media docena de huevos desordenados.

La salsa de tomate que quedaba en un frasco semiabierto contestó:

―Creo que quieren que hagamos una huelga.

―¿Una huelga? Esta sí que es buena ¿de qué? ¿de hambre? ―la mantequilla desde su atalaya se derretía de risa.

―Algo habrá qué hacer, aquí hace un calor que te mueres ―dijo una mustia lechuga que trataba en vano de abanicarse con una reseca hoja.

Desde el fondo del cajón salió la aflautada voz de un pimiento verde y arrugado que llevaba allí más de tres semanas y empezaba a enmohecer:    

―Yo me estoy muriendo, como no se haga algo pronto, no respondo de mi olor.

―De tu olor ya no respondes ahora, no te fastidia el pimiento... ―la mandarina pizpireta y descarada desde un rincón del cajón arrugaba su fina piel estriada.

―Por aquí nos asfixiamos ¿verdad? ―exclamó un yogurt caducado dándole un empujón a un triste trozo de jamón que, a juzgar por el color, hacía ya rato que era fiambre.

Las voces fueron subiendo en intensidad, todos querían meter cuchara. Algunos daban ideas ―cada cual más sinsentido que la anterior― otros, los más, solo se quejaban. Mientras tanto la casa permanecía en silencio, a oscuras, invadida paulatinamente por pestilentes olores que iban saliendo en agria algarabía de la nevera.

Se oyeron pasos apresurados por el pasillo. El servicial vecino se acercaba, regadora en mano, a echarle agua al ficus del comedor. Era la segunda vez que venía a regar, desde que sus vecinos marcharon de vacaciones. Lo hacía siempre al mediodía para aprovechar la luz que se filtraba por las persianas.

«Qué mal huelen los pisos cerrados», pensó el hombre, y volvió ligero por el pasillo.

Al llegar a la salida observó el interruptor general de la electricidad y sonrió satisfecho: «Menos mal que me di cuenta y lo cerré, que si no...  es que esta juventud tiene la cabeza a pájaros, que parece que les regalan el dinero. Seguro que este mes les he ahorrado un buen pico en el recibo de la luz», se dijo convencido.

Y orgulloso de sí mismo cerró, con dos vueltas de llave, la blindada puerta de roble. Ya no tendría que volver más. En quince días de nada se acababa el mes de agosto y regresarían los vecinos.

María Jesús

 

 

 

martes, 9 de mayo de 2023

 



Publicado en la Revista Almiar

Imagen: “La paloma de la paz”, de Bansky

 

 

Huida

 

Las cosas ya estaban bastante difíciles para aquella vieja ciudad —Alá, Yavé y Dios se la disputaban sin descanso desde hacía siglos— cuando de pronto empezaron a correr rumores de que también Confucio, Buda y Vishnu habían realizado durante sus vidas alguna que otra excursión a ella.

La ciudad esperó al veinticinco de diciembre, momento en que el personal se tranquilizaba un poco, y se evaporó.

Casi al mismo tiempo, en un remoto lugar del Ártico, un joven inuit se preguntaba a cuál de sus dioses debería agradecer el prodigio de la aparición de aquel hermoso olivo que, de la noche a la mañana, había crecido en sus heladas tierras.

 

María Jesús

 

 

sábado, 29 de abril de 2023

 



Magia

 

Hay un segundo mágico en la vida

en que te sientes capaz de cualquier cosa:

Subir por la escalera

de la luna,

Ahogarte sin prisas

en una sonrisa,

Jugar al escondite

con las penas,

Hallar en el pajar

la aguja,

Rozar con los dedos

el silencio,

Viajar sin billete

al centro de la tierra,

Masticar lentamente

los colores,

Hacer punta

a la esperanza,

Buscarle las cosquillas

a la risa,

Leer cartas invisibles,

Gatear sin peligro

por las nubes,

Mecer entre los brazos

un suspiro,

Mirarte fijamente

al corazón

Hay un segundo mágico en la vida

en que te sientes capaz de cualquier cosa

María Jesús

 

 

 

lunes, 10 de abril de 2023

 



Creo que fue amor

 

Tras los cristales, tenuemente llovía.

―Creo fue amor ―afirmó la libreta de piel oscura.

―Y tú ¿qué sabes? ¿acaso te lo han dicho ellos? ―preguntó malhumorado el libro horizontal del tercer estante.

―Acaso ¿te han dicho a ti lo contrario? ―preguntó, burlón, el sacapuntas.

―¡Cómo sois! ―intervino, alzando la voz, la carpeta gruesa del rincón― Dejadla que se explique, a ver, ¿en qué te basas, libreta?

―Pues me baso... me baso... en cómo se miraron ―la libreta tartamudeó―. Él la miró de una manera especial.

―¿Cómo? ¿cómo? ―el libro de lengua se exaltó, enrojeciendo.

―No sé... como si todo a su alrededor... ―titubeó la libreta.

―Como si todo a su alrededor se hubiera borrado ¿verdad? ―intervino, con dulzura, la goma rosa.

―Sí, algo así ―convino la libreta.

―Debes de ser más precisa ―el libro de «mates» se ajustó el lomo con decisión.

―Bueno, yo no entiendo mucho de qué va esto, si pudierais explicármelo desde el principio ―se quejó, desde un extremo de la mesa, el diccionario de inglés.

La libreta de piel oscura comenzó:

―Verás, fue la otra tarde. Estaban en el comedor de la casa de él, se habían sentados juntos y hacían los deberes...

―¡Ay, qué romántico! ―suspiró un viejo libro de poemas desde un estante.

―¡Calla! ―le susurró, dándole un codazo, la muñeca de porcelana que estaba a su lado.

―Hacían los deberes y de vez en cuando sus cabezas se rozaban...

Un profundo suspiro del flexo molestó a la agenda:

―¡Oye, tú! mira lo que haces, que me pasas las hojas...

―Perdón, ha sido sin querer —se disculpó el flexo, pero poco a poco se fue encendiendo— Aunque ¡hay que ver cómo te pones por nada!

―Va, venga, continúa ―la regla, enérgica, golpeó la mesa.

―Bueno, sus cabezas se rozaban y entonces, de pronto, me caí al suelo…

―¿Te hiciste daño? ―preguntó solícita la goma blanca, que no perdía detalle― Cuando yo me caigo, bueno, mejor dicho, cuando me tiran...

―¡No acabaremos nunca! Esto será más largo que El Quijote ―refunfuñó el sacapuntas.

―¡Pardiez, malandrín! Un poco de respeto ―gritó el aludido desde el último estante mientras se sacudía el polvo.

La libreta de piel oscura siguió pacientemente:

―No, no me hice daño, solo me caí y, entonces ellos se agacharon al mismo tiempo para recogerme —siguió de corrido— y en ese instante se juntaron sus manos, y ella se puso roja, roja como...

―¿Cómo yo? ―dijo con timidez el «boli» encarnado, asomando por entre la cremallera entreabierta del pequeño estuche naranja.

―Algo así ―concedió la libreta―. Él sonrió sin dejar de mirarla y estuvieron mucho rato sin apartar las manos uno de otro, rozándolas.

―¿Cuánto rato? ¿una hora? ¿un mes? ―el reloj de pared que escuchaba, bostezando de vez en cuando, intervino muy serio.

―¡Cómo va a ser un mes! ¡Exagerado! ―exclamó una de las margaritas del jarrón de la mesita.

―No sé cuánto tiempo, un rato, más de lo normal, eso seguro ―respondió la libreta un poco molesta.

Se hizo un silencio un poco largo.

―Y ¿eso es todo? ―preguntó por fin el rotulador amarillo con su voz chillona.

Se respiraba un aire de desencanto, discretas toses fueron surgiendo desde distintos puntos de la habitación.

―¿Os parece poco? Eso fue amor, seguro ―insistió, convencida, la libreta de piel oscura mientras miraba a su alrededor, soñadora y desafiante.

Tras los cristales la lluvia seguía cayendo.

María Jesús