En un principio fue el agua
En un principio fue el agua
y creó
la tierra,
en un
principio fue el aire
y creó
al sol,
en un
principio fue el pez
y creó
al ave,
en un
principio fue el hombre
y creó
a Dios
Sospechas
Desde que mi hermana menor vio «La sirenita» en
la televisión, decidió no salir de la bañera, y, por no contrariarla, el resto
de la familia hacemos vida en el cuarto de baño; nos lavamos en palanganas y
nos alimentamos de sardinas.
Mi madre, la pobre, anda
siempre tan ocupada acarreando barreños, pasando el mocho y yendo a la
pescadería, que no se ha dado cuenta de los colmillos que le han ido creciendo
a mi padre desde que hace un par de días pasaron «Drácula, príncipe de las
tinieblas», en la sesión de tarde. Pero yo, que tengo más tiempo libre, sí que
me he percatado del detalle, y ando preocupado. Ayer, sin ir más lejos, cuando
regresó de la oficina traía puesta una larga y negra capa de satén, que levantó
mis sospechas.
Esta tarde me pasaré por la
carpintería, a ver si hay alguna oferta en estacas y martillos.
María Jesús
Crear
La niña, sentada en un banco de la plaza, mira
fijamente el cielo salpicado de nubes grandes, chicas y medianas
Las nubes van tomando las formas que ella ordena sin hablar:
Un castillo lejano de
ribeteadas almenas como puntillas rojizas, que se esconde detrás de una colina…
Un gato gordo y blando de
bigotes largos y afilados como espinas…
Un barco verde y blanco que va
surcando los mares azul celeste del cielo…
Una casa grande y alegre
puesta sobre la hierba y cargada de ventanas, con una chimenea gris, igual que
un dedo torcido señalando el firmamento…
El rostro serio y pecoso de un
niño que juega con las canicas… o ¿tal vez es una niña la que juega?
El humo redondo y perezoso que
va dejando atrás un tren rojo y que llena el aire de añoranzas…
La niña entorna los ojos,
afila la mirada y sonríe. Quiere más.
Saber quién habita en el
castillo…
Hacia dónde corre el tren…
Cómo se llama el niño o la
niña de las pecas… qué va a pasar en sus vidas…
¿Vive gente en esa casa…
muchos… pocos… o tal vez esté encantada…?
Tendrá dueño aquel gato grande
y gordo o quizá se ha perdido y alguien lo anda buscando…
A qué isla llegarán los
náufragos del barco… si es que finalmente el cielo descarga una tormenta
persistente y violenta sobre el mar que anda surcando…
La niña sigue sentada en el
banco de la plaza, igual que una pequeña diosa con poder para crear y dirigir
los destinos. Cruzar, quebrar, cambiar, equivocar o, simplemente, borrar lo
creado.
Es pequeña, aún no lo sabe,
pero la afilada semilla de colores ha tomado posesión de su mente y de su alma.
Si sigue observando las nubes
y les va insuflando vida, con el tiempo y el oficio, esa niña será, tal vez,
escritora.
María Jesús
Polvo
eres…
«Polvo eres y en polvo te convertirás»,
canturreaba Teresa, cada día de Dios, mientras trajinaba por aquellas salas
anchas y cuadradas, seguida por la quieta placidez de las miradas de célebres
personajes.
Estaba convencida de que sus palabras
le otorgaban un plus de divinidad a su quehacer diario.
Al acabar, con el mismo
respeto con el que un sacerdote coloca el cáliz y la patena en el sagrario,
Teresa guardaba el plumero y las gamuzas en el pequeño armario de los útiles de limpieza del museo.
María Jesús
Esperanza
Mientras
que con constancia
su
rosa riegue la niña
y el
abuelo, esperanzado,
arranque
las hojas secas
de un
geranio
Mientras
él trasplante la menta
de un
tiesto a otro
y ella
elija
la
planta al ramo
Mientras
haya quien huela el aire
en primavera
y
alguien que guarde
en su
memoria
el
dulce olor que tras la lluvia
tiene
la tierra
Mientras
mirando un árbol
recuperemos
la infancia
y nos
quedemos
—súbitamente—
callados
al
contemplar una flor…
no
morirá la esperanza
María Jesús
El
álbum
—Tengo ya muchos cromos en el
álbum. Algunos me han salido repetidos varias veces; de entre estos, he
conseguido intercambiar, por los que me faltaban, un buen número; otros, sin
embargo, no ha habido manera de lograrlos. Ahora han retirado la edición. Ha
quedado obsoleta o, eso dicen. Supongo que al final todos abandonamos la
colección sin haberla completado.
Y el viejo cerró con
resignación la tapa de su álbum, quiero decir que murió.
María Jesús
Coordenadas
A
veces las coordenadas coinciden
Y cae
certero el fulgor
sobre el
canto de una flor
Entonces…
a una le da por pensar
que
igual no está todo perdido
y que
hay seres
que se
dejaron el alma
en dar
a luz un paisaje,
un
verso,
un
lienzo o una canción,
y que
hay otros
que
han dedicado sus vidas
a una
idea,
a un sueño,
a cuidar de un perro,
o de
un árbol
Sí, de
vez en cuando,
las
coordenadas coinciden
María Jesús