Una
mosca peculiar
Quizá porque vio su primera luz en un oscuro
rincón de una vieja y nutrida biblioteca, la mosca era culta e inteligente, y
supo aprovechar bien su limitado tiempo de vida.
En los escasos veinte días que
duró su existencia, desdeñó el volar muy lejos o zascandilear de aquí para allá
como sus otras congéneres y, solo se posó sobre los libros de poesía que
encontró abiertos y, alguna vez, sobre el lomo dulce de un par de gatos que
dormitaban por allí.
Creo que un atardecer también
se paseó por los pétalos de una rosa encarnada que crecía en el jardín.
Jamás sobre un ser humano.
María Jesús

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