jueves, 21 de abril de 2022

 




Elijo ser

 

Elijo ser…

flor, árbol,

pétalo, olor

 

Elijo ser…

nube, horizonte,

agua, tormenta

 

Elijo ser…

arena, hierba,

pájaro, fuente

 

Elijo ser

color, palabra,

sonido, aire 

¡Luz!

                                          María Jesús

 

 

 

jueves, 14 de abril de 2022

 


Principios y finales

1931-1939

 

… un apuesto joven al que besó en los labios con ternura, y entonces el joven, que no era otro que el príncipe disfrazado, se convirtió en un hermoso labrador y se puso a trabajar la tierra; y colorín, colorado este cuento se ha acabado ―terminó la maestra con una sonrisa.

Aplaudimos todos con ese entusiasmo que tienen los niños en primavera. La maestra nos observaba con aquellos ojos claros que parecía que más que mirar, acariciaban. Sus clases siempre las empezaba con un cuento, decía que así lograba que todos llegáramos puntuales a la escuela.

 Sus historias eran hermosas y diferentes, su manera de enseñar también. Apenas si regañaba y jamás nos castigaba.

Llevaba poco más de dos meses en el pueblo. Creo que llegó en aquellos días en que todo parecía nuevo y brillante, y los mayores se diría que estrenaban vestidos nuevos, y andaban con prisas, y risueños como si tuvieran muchas cosas que hacer y fueran todas divertidas e importantes.

  La recuerdo allí, serena y sonriente, con la flamante bandera tricolor a su espalda, sentada ante la vieja mesa de madera llena de libros y papeles.

Dicen que también se mantuvo así, serena y sonriente, cuando arrimada a la tapia del cementerio, los disparos de aquellos hombres vestidos de azul le reventaron el corazón.

María Jesús

 

 

jueves, 7 de abril de 2022

 


Lágrimas...

 

albaceas del dolor,

diseño, molde

continente alado

 

Lágrimas...

invisible surco

etéreo de la sal

húmeda huida

 

Lágrimas...

lluvia del alma,

estrellas de mar

heridas

                                              María Jesús

 

 

jueves, 31 de marzo de 2022

 


Negocio nocturno

 

A fin de cuentas, bien mirado, esto del insomnio no es tan mala cosa.

Con lo que llevo acumulado por la venta de la lana de mis ovejas, que cada noche son más, calculo que en un par de años me podré retirar y vivir de renta.

Luego ya tendré tiempo para hacer esa cura de sueño de la que tanto me hablan.

María Jesús

 

sábado, 26 de marzo de 2022

 



1er premio certamen Antonio Machado.

“Palabras prestadas”, 2019

 

Dibujo

Dibujo sobre la nieve a un hombre

asomado a un ventanuco

El hombre tira piedras,

redondas y ruidosas,

a un viejo nido vacío.

El viento vuela bajo

y borra,

con sus alargados dedos,

el nido, el ventanuco y las piedras,

y solo deja en el aire

el blanco ruido al caer

sobre la sombra de un hombre

enjaulado en un dibujo

                                                      María Jesús

sábado, 19 de marzo de 2022

 


El retrato

  

Aquel retrato ya estaba allí, presidiendo el salón, cuando ocupamos el piso, pero a nadie en la familia le gustaba el aire altivo y malicioso, que despedían los modelos y decidimos confinarlo en el desván.

   El cuadro representaba a una joven vestida de blanco que sostenía un abanico con una mano y con la otra se apoyaba en una sombrilla cerrada. Era una mujer guapa y sonriente, pero algo en su mirada o en su boca, que se curvaba hacia abajo, nos la hizo antipática enseguida. A su lado, un hombre mayor vestido de uniforme, tal vez su padre, la observaba con adoración, mientras se tocaba, levemente, un frondoso bigote cano.

   Mi hermana descubrió, por casualidad, que el retrato ya estaba cuando los antiguos propietarios compraron la casa, así que supusimos que debía pertenecer a los primeros moradores.

   Tras distintas averiguaciones, aquí y allá, según mamá:

    ―Para devolver el cuadro a su legítimo dueño o herederos, antes de que se lo coma la carcoma.

    Nos enteramos de que, efectivamente, el retrato fue hecho a los primeros dueños de la casa.

    La joven del abanico poseedora, al parecer, de un gran carácter, dejó su país, no pudimos averiguar cuál, y se enfrentó a la oposición familiar para seguir a su esposo, un viejo militar ya retirado, el otro modelo de la fotografía.

   A pesar de lo que se pueda pensar, fue una boda por amor. El militar era bastante pobre y la muchacha se casó muy enamorada y vivió feliz hasta que murió, por causas naturales, pocos meses después de la boda.

    Al parecer, el viudo se encerró en su dolor y en su casa y colocó el retrato en el salón. Murió unos años después, también, de muerte natural, sin, claro está, descendencia. Con lo que el cuadro, técnicamente, nos pertenecía.

   Nos dio un poco de pena la fugacidad de aquella historia de amor, pero como mamá decía:

   ―Muy triste, muy triste, pero eso a nosotros ni nos va ni nos viene

   Así que el retrato fue trasladado al desván.

   Después de aquello, nadie supo muy bien que poner en su lugar. Se barajaron varias ideas: una fotografía ampliada de la familia, dijo mamá. Unas espadas cruzadas, sugirió mi padre, mi hermana habló de una pintura moderna, la abuela se ofreció a tejer un tapiz de ganchillo… en fin, que el espacio continuo vacío durante varios meses.

   Durante aquel tiempo, extraños sucesos entorpecieron nuestra vida.

   Desaparecían documentos que, misteriosamente, reaparecían poco después, cuando ya no eran necesarios, en los rincones más insospechados.

   A veces era un paraguas, que no había manera de encontrar justo cuando se ponía a llover, otras era la labor de la abuela, que se perdía durante días y que aparecía, cuando ya habíamos desistido de buscar, en los lugares más inverosímiles: detrás de la cisterna del lavabo, dentro de un armario que no se había abierto en semanas…

   Otras veces eran pequeñas rachas de mala suerte: una tubería rota, una lámpara cuyas bombillas se fundían insistentemente, el reloj de pared que adelantaba o atrasaba a su antojo, una torcedura en el pie antes de un viaje…

   En el salón, antes claro y alegre, parecía haberse aposentado una cierta neblina, que le confería un aire triste y melancólico, incluso en los días en que el sol entraba a raudales en la habitación.

   Nadie decía nada, pero en un momento u otro todos mirábamos de soslayo el espacio vacío de la pared.

   No nos atrevíamos a decir lo que pensábamos porque éramos, ante todo, una familia moderna y racional, pero nuestros nervios andaban un poco maltrechos.

   Después de un verano, especialmente aciago, en que no salíamos de una y ya estábamos en otra, mamá subió al desván y, con la excusa de que la pared se veía muy desnuda, volvió a colocar el cuadro en el salón. Pero cuando la ayudaba a colgarlo la oí murmurar con voz resignada: «Vosotros ganáis».

   Casi de inmediato, el salón empezó a recuperar su aire alegre y, paulatinamente, todo fue volviendo a la normalidad.

   A mí me pareció que el viejo militar sonreía debajo de su bigote y que, a su joven esposa, se le borraba la sonrisa maliciosa y le aparecía una mirada divertida y picarona.

   Ahora nos hemos acostumbrado a su presencia. Papá hasta retocó con pintura dorada el marco, pese a la oposición de la familia, que vivió en vilo los días siguientes, pero parece que eso les gustó o al menos no les molestó.

   Cuando vienen visitas, para explicar su presencia en un lugar tan privilegiado de la casa, decimos que son unos antepasados que vivieron una hermosa y desgraciada historia de amor. Parece que eso les gusta, porque el militar ya ríe abiertamente y su esposa ha perdido, definitivamente, su aire altivo y su malicia y, a lo mejor son figuraciones mías, pero creo que si uno se fija bien, un cierto aire de familia, se empieza a notar entre la pareja del retrato y nosotros.

María Jesús

jueves, 10 de marzo de 2022

 


La oficina de las memorias perdidas

 

Hay un lugar, bastante visitado, por cierto, que está localizado en una calle sin nombre, medio oculta entre las pequeñas arterías del casco viejo.

Allí suelen acudir las personas que, en un momento u otro, han perdido su memoria, bien sea un pedacito de ella o en su totalidad.

El personal que atiende es muy amable, pero escaso. Por culpa de los últimos recortes se ha tenido que prescindir de la mitad de la plantilla; así es que ahora, no hay nadie en información que te oriente a la hora de rellenar las solicitudes para cursar la petición. Esto ha supuesto, aparte de más de un robo ―por distracción— de los bolígrafos, que están allí a disposición de todos, otras cuestiones de mayor envergadura.

Las personas, que no recuerdan sus datos —por algo están allí claro—, rellenan las instancias con lo que se les ocurre en el momento y, luego, tan felices, presentan en ventanilla los impresos.

En la oficina los empleados son eficientes y trabajan bien, por lo que siempre se sale de ella con la memoria recuperada, aunque, a menudo, esta no se corresponde con la que se había perdido; sin embargo, hasta el momento, no ha habido ninguna reclamación con respecto a ello; al contrario, según los últimos datos publicados en el BOE, las cifras del aburrimiento vital han caído en picado.

María Jesús