jueves, 21 de septiembre de 2023

 



El mundo era, solamente, un costurero

 

El mundo era, solamente, un costurero

lleno de hebras de colores,

 arco iris sin orden ni concierto

Botones redondos y cuadrados,

forrados, diminutos, lisos o labrados

Dedales plateados

 surcados de agujeros en los lados

Un sinfín de agujas y alfileres,

espadas diminutas en un mundo de paz

Cintas blancas y viejas cremalleras,

ajadas supervivientes de lo inútil,

Unas tijeras afiladas y un acerico

 que fue de terciopelo un día

Retales atados

con deshilachadas cintas apretadas

El mundo era, solamente, un costurero

Unas manos trabajadas,

 cálidas y nerviosas, enhebrando las agujas

Una radio al atardecer, enferma de nostalgia

 de patrias exiliadas y de amores fracasados

Unos ojos infantiles

 y unas manos inquietas tocándolo todo

Un “estate quieta”,

un “deja eso”,

un “tráeme aquello” ...

Tardes de sol o de lluvia

que quedaban fuera del cristal de la ventana

Suspiros de madres con la esperanza

remendada

sueños de hijas con ilusiones

apenas hilvanadas

El mundo era, solamente, un costurero

María Jesús

 

 

 

lunes, 11 de septiembre de 2023

 


Seleccionado en el microconcurso IX edición

 Biblioteca Esteve Paluzie

 

Sospechas

Le dije que me tiraban las sisas de la armadura, que se había pasado cien quintales con las hombreras, pero él, erre que erre; que si yo qué sabré, que si el herrero es él… pues, hombre, digo yo que algo entenderé de estos menesteres, que soy quien se va a la guerra con ella puesta… que no tengo ni libertad de movimiento, ni movimiento siquiera. Encima mi mujer apoyándolo: que tamaña pejiguera, que iba hecho un plumín, que otros llorasen con mis ojos…

Y, con todo, lo que más me reconcome es esa miradilla de alegría que se cruzaron los dos cuando encabalgué.

María Jesús

 

 

 

lunes, 4 de septiembre de 2023

 



¡Qué difícil es esto de escribir!

 

¡Qué difícil es esto de escribir! Buscar ideas, desecharlas, volverlas a tomar, acorralarlas, domarlas, mimarlas, darles giros y vueltas, tocar y retocar y, finalmente, quedar siempre insatisfecha.

Masticar la soledad y sentir, al mismo tiempo, la cabeza como un mercadillo de voces, gestos, miradas, que se disputan tus ideas para formarse y nacer como personajes; objetos y espacios que se dan codazos entre ellos, para hacerse un hueco en el escenario; voces narrativas que pasan de primera a tercera, de tercera a segunda y, tiro porque me toca.

Una reflexiona a menudo acodada entre página en blanco y página escrita, que, si esto de vivir tiene ya dudoso sentido, lo de ponerse a escribir mientras dura el recorrido, para qué hablar.

Pero aún hay algo más difícil que escribir.

Si en un momento de debilidad vanidosa o de debilidad generosa, según se quiera, brillar por nuestros textos o compartirlos, decidimos, inocentemente, echar mano de las guías de los múltiples concursos que se celebran en el país, y lanzarnos a la palestra del premio o la publicación, habremos abierto de par en par la caja de los truenos.

Encajar los textos en los concursos, no es cuestión baladí. Miles de concursos con mil impertinencias y caprichos. Que si los márgenes corintios, que si la letra picuda, que si las copias a carboncillo, que si la cantidad cabal de páginas y líneas, que si la forma de envío por paloma mensajera, que si jura y perjura que es tuyo, que si te arrancamos el corazón si nos enteramos de que no es inédito…

Pero entre todo, lo que más coraje da, son los temas obligados. Hoy, sin ir más lejos, han llegado hasta mis manos tres concursos distintos. En uno, el argumento tiene que hacer referencia a las minas, en otro a la igualdad de género y, el tercero, pretende que se hable de la obesidad y su día a día.

En mi cabeza se mezclan los tres como los dados en un cubilete: mujer obesa, que vence la opinión pública y familiar, y se coloca de minera, se me ocurre a bote pronto; claro, que, reflexiono agudamente, con tanto corretear por aquellas gargantas de carbón, es muy probable que mi protagonista —aparte de ensuciarse—, adelgace con presteza… y eso me conduce a otra historia, que quizá podré aprovechar si encuentro algún concurso con temática de: chica guapa —un pelín tiznada por los gajes del oficio—, y recientemente adelgazada, asciende en su profesión: de minera a jefa de minas; la muchacha, sin embargo, es desgraciada en su vida privada. Le echa demasiadas horas al trabajo, debido a lo cual, su pareja la abandona por otra, que trabaja menos, pero que cocina y limpia más y sin rechistar, después de su jornada laboral retribuida, y que, para colmo de eficiencia, sabe hacer encaje de bolillo mientras practica la danza del vientre en lasciva ropa interior. Ante el abandono, ella recae, y vuelve a consumir toneladas de fritos y chocolates, tornándose otra vez oronda tirando a obesa y, en éstas, de tanto ir a la tienda a por suministros —ya se sabe que el roce hace el cariño— se acaba enamorando de la churrería del pueblo con churrero incluido. Como sea que el negocio está más para allá que para acá, la chica decide invertir los ahorros de toda su vida, arranca la churrería de los brazos hambrientos de la quiebra y, en un par de párrafos, la convierte en un negocio de éxito, capaz de cotizar en bolsa.

Mi protagonista puede seguir manteniendo sus kilos de más (o incluso aumentarlos) sin remordimientos de cláusula de concurso alguno y vive, dulcemente feliz, con su churrero. Fin.

Pero ahora que tengo el material dispuesto, me percato de que, en ambos relatos, me he excedido en el número permitido de caracteres con espacio.  Lo dicho: ¡Qué difícil es esto de escribir!

María Jesús

 

 

martes, 22 de agosto de 2023

 




Como una daga dorada

 

Como una daga dorada

el sol

—amarillo y tibio―

atraviesa sin piedad

el centro del corazón

de la hoja del jardín.

Un cómplice

—soplo de aire―

hace desaparecer el cuerpo

y borra

—gotas de sombra—

que se quedaron prendidas

sobre la tierra callada

María Jesús

 

 

jueves, 10 de agosto de 2023

 




Desde el árbol de las manzanas

 

―Hijo, la verdad es que esta criatura es un verdadero problema ―le confesó Dios a Adán un domingo, mientras jugaban juntos al futbolín.

El hacedor de todas las cosas, hizo un rápido giro de muñeca y se echó hacia atrás las largas melenas blancas.

―No quieras saber ―prosiguió― lo mal que lleva sus redondeces. «Que me arregles la línea que yo así no salgo, que hay que ver lo gorda que estoy…» ―imitó, el divino, la voz meliflua del animal― ¡Bah! ―siguió― Sí que es verdad que me quedó algo rellenita, pero ¡vamos! Para estar todo el santo día dando por saco, tampoco creo yo…

―¡Gol! ―gritó Adán, que escuchaba solo a medias― Esta partida va a ser mía, Padre.

Dios refunfuñó, no era buen perdedor.

―Eso lo veremos, hijo ―dijo―. Es que ando desconcentrado con toda esta historia.

Adán se rio por debajo del bigote.

―Me ha salido protestona, la muy plomo ―dijo intentando concentrarse en la partida― «Que no y que no, que yo así no salgo por el paraíso, que a ver qué pensarán de mí los demás» ―volvió a imitarla Dios.

―No le hagas caso, Padre, ya se le pasará ―opinó Adán intentando esquivar un gol con un rápido giro del manillar.

―No sé, hijo, no sé. Es tozuda como las mulas, aunque no abulte tanto. Ahora se ha subido al manzano, porque dice que las manzanas adelgazan, y que de ahí no piensa bajar ―suspiró profundamente haciendo que la pelota entrara en la portería merced su hálito divino―. Esta mañana me ha dado un ultimátum: «O me adelgazas o atente a las consecuencias». ¿Tú crees que está bien de la cabeza esta criatura?

Adán un poco mosqueado por la alada trampa paterna le contestó:

―Es que Padre, de sobra sé yo, que cuando quieres eres muy tozudo.

―Ya sabes que es superior a mis fuerzas, Adán. Lo que yo hago no puede deshacerse.

―Porque no quieres, ¡no te digo! ―masculló Adán.

Dios no respondió. Tenía la facultad de oír sólo lo que quería, así que siguió con sus quejas.

―A esta no hay quién la aguante. Se está convirtiendo en un auténtico demonio.

―Ya será menos ―rio Adán al ver el desespero de su padre―. Todo lo exageras.

Dios se alzó de hombros.

―¡Quiera yo que tengas razón! ―exclamó― Pero a mí me da que esta serpiente va a traer cola ―y alzando un dedo advirtió―: ya sabes que yo no suelo equivocarme.

María Jesús

 

 

 

 

 

lunes, 31 de julio de 2023

 

                                                                   (Tomada en la red)


Receta para un día de feria

 

Si nos apetece un buen día de feria, solo necesitamos poner a macerar un pedacito de ilusión añil que aún conservemos, y tirar de un hilo de algodón rosado, que encontraremos en cualquier rincón de la memoria; seguidamente, aderezamos con un caballito, ni muy blanco ni muy rojo, que pueda dar una vuelta completa sin marearse, aunque mejor si son dos o tres. Le añadimos un buen puñado de aroma a churros, sin pasarnos con el dulce cobrizo, y vertemos por los lados una tonadilla alegre y machacona, con un punto de nostalgia.

Para evitar salpicaduras indelebles, no olvidemos colocarnos el mandil azulado de la infancia.

Y, el día de feria, queda listo para servir.

María Jesús

 

 

jueves, 20 de julio de 2023

 


Nube blanca de algodón

sobre la pizarra azul.

Dibujo inquieto

en el tiempo,

que se acerca

Y que se aleja…

Mágica forma

que vuela

y que nunca jamás…

regresa

María Jesús