lunes, 11 de noviembre de 2024

 




A veces, como ayer tarde

 

A veces, como ayer tarde,

la primavera renace

en pleno mes de noviembre

tiñe de color la estancia

el ocre se vuelve verde,

se hace encarnado el castaño

y el crepúsculo violeta

se convierte en azulado

A veces, como ayer tarde,

la primavera renace ...

¡Y echa flor el corazón!

María Jesús

 

 

 

miércoles, 30 de octubre de 2024

 




Las visitas de doña Elisa

 

Desde que cumplió los ochenta, cada domingo, sobre las cinco, doña Elisa salía de casa y empezaba su ronda de visitas. Iba, por riguroso orden de consanguinidad, a ver a sus familiares, mayormente sobrinos, porque los hermanos ya habían fallecido. Doña Elisa, ciertamente, había sido siempre una persona avanzada que había vivido en el futuro, sin por ello alardear o darse pisto. Toda su vida había sido una mujer precavida y ordenada en todos sus quehaceres. Nació, creció, maduró, enterró al padre y luego a la madre y, finalmente, a un par de hermanos que la precedían en edad.

En cuanto llegaba el otoño preparaba el invierno; el primer día de primavera ya sacaba la ropa de verano. Organizaba su despensa con el esmero de un cocinero en un barco de guerra; así que a primeros de mes, ya sabía lo que cenaría el último día de este; la sola presunción de una sombra sobre su ropa, conducía a esta directamente al lavadero; ante el primer golpe de tos, ya se preparaba la medicación para una posible y taimada gripe que, tal vez, anduviera ya en camino. Era mujer, también, de dejar sus labores acabadas; tanto daba que fuera la última página del capítulo de la novela que anduviera leyendo, la última vuelta del tejido de una bufanda o el último plato, y a menudo el único, por recoger de su cocina.

La mujer acababa de cumplir los ochenta y cinco años, así que eran cinco ya los años que llevaba ejerciendo la dulce tarea de despedirse de sus seres queridos, por si la muerte tomaba atajo y la sorprendía durmiendo en el presente.

Eso sí, al salir de casa, doña Elisa nunca olvidaba su paraguas, porque el clima de aquel pueblecito del norte era de lo más informal. Nunca sabía una cuando cambiaría; y, una cosa era morir, y otra pillar una pulmonía.

María Jesús

 

domingo, 20 de octubre de 2024

 




La rebelde

Seleccionada y publicada en el Certamen Javier Tomeo. Revista “Compromiso y cultura”, octubre 2024 (Imagen: Trinity Kubassek)

 

Cada noche igual. Después de tenerlas a todas contadas las empiezo a trasquilar. Primero una, luego otra…esperando que el sueño me venza antes de que me salgan callos en las manos de tanto tijeretazo arriba y abajo. Pero cuando llego hasta el último grupo, allí está ella: frescachona, rizosa, pizpireta... me levanta el dedo corazón de su pezuña derecha, esmaltada de rojo amapola, y salta la valla en sentido contrario. Me dice que una cosa es que consienta en el recuento y ayudar así a un pobre insomne y, que otra muy distinta, es que se deje trasquilar y yo obtenga beneficios a su costa.

Y, bebeando, rebelde y cantarina, se aleja de mi alcance.

 

María Jesús

 

jueves, 10 de octubre de 2024

 






Otoño

 

Algunos días de otoño,

entre las cuatro y las cinco,

se citan:

el sol de la tarde

y la plaza vieja

A veces, viene también,

amable, amarilla y dulce,

una ráfaga de viento

y luego les sirve un té

que sabe a melancolía

 

María Jesús

 

 

lunes, 30 de septiembre de 2024

 




Los primeros okupas

 

Estaba yo escuchando a medio oído las noticias de la tele cuando, ante las imágenes casi cotidianas de un desahucio, me dio por relacionar cosas, ya saben aquello de que una oliva te lleva a la aceitera y la aceitera al salero y el salero a la cocina y pasas a recordar que aún tienes los platos por fregar. En fin, cosas mágicas y a veces puñeteras que tiene la mente.

El caso es que del desahucio me fui a los okupas, aunque por lo que recuerdo los desahuciados eran una familia con dos niños, gato y lavadora, o sea como cualquier otra. Como iba diciendo la asociación, —aleatoria e inocente, por supuesto—, me llevo a pensar que los primeros okupas, o unos de los primerísimos de la historia, fueron los admirados colonizadores, y con ellos no hubo Dios ni banco capaz de poder echarlos hasta que decidieron irse, cuando les vino en gana.

Eso sí, no se fueron, como los de la tele, con lo puesto, un par de bolsas, el gato, los niños y la lavadora, no, señora; ellos arramblaron con todo lo que había de valor en la casa okupada

Y dejaron los trastos viejos para disimular los agujeros que habían hecho en las paredes durante su ocupación, o tal vez, fue porque el servicio de recogida de muebles y reciclaje todavía no se había inventado. Lo que me recuerda que aún no he bajado la basura al contenedor.

¡Ay, qué ver! los caminos de la mente como se bifurcan, a lo tonto y a su antojo.

María Jesús

 

sábado, 21 de septiembre de 2024







En un principio fue el agua

 

En un principio fue el agua

y creó la tierra,

en un principio fue el aire

y creó al sol,

en un principio fue el pez

y creó al ave,

en un principio fue el hombre

y creó a Dios

                                                                   María Jesús

 

 

 

martes, 10 de septiembre de 2024

 




Sospechas

 

Desde que mi hermana menor vio «La sirenita» en la televisión, decidió no salir de la bañera, y, por no contrariarla, el resto de la familia hacemos vida en el cuarto de baño; nos lavamos en palanganas y nos alimentamos de sardinas.

Mi madre, la pobre, anda siempre tan ocupada acarreando barreños, pasando el mocho y yendo a la pescadería, que no se ha dado cuenta de los colmillos que le han ido creciendo a mi padre desde que hace un par de días pasaron «Drácula, príncipe de las tinieblas», en la sesión de tarde. Pero yo, que tengo más tiempo libre, sí que me he percatado del detalle, y ando preocupado. Ayer, sin ir más lejos, cuando regresó de la oficina traía puesta una larga y negra capa de satén, que levantó mis sospechas.

Esta tarde me pasaré por la carpintería, a ver si hay alguna oferta en estacas y martillos.

 

María Jesús