viernes, 18 de septiembre de 2026

 





Semillas de colores

 

Hay un parque, aquí en mi barrio, no muy grande, repleto de viejos bancos de madera color chocolate y de varios árboles sin nombre, cansados de dar sombra para nadie.

No es un parque muy diferente de otros: algunas papeleras desteñidas, excrementos de perro por recoger, parejas jóvenes embobadas y parejas mayores aburridas, abuelos con mucho tiempo libre, madres apresuradas que conducen cochecitos, niños sueltos… un parque muy de estar por casa, muy de ciudad; sin embargo, algo lo diferencia de los demás. Medio escondido entre un par de plátanos taciturnos, se halla un diminuto quiosco. Lo regenta una mujer de edad imprecisa, que siempre lleva mitones, negros de lana en invierno, de blanco encaje en verano. La mujer se viste con colores alegres y lleva un sombrero grande, de paja dorada, adornado con una cinta celeste.

Nadie sabe su nombre, es la señora del quiosco, sin más, como si fuera la esposa del trotinado cuartillo de madera desde donde ve pasar la vida. Allí vende pipas, caramelos de melote, dulces variados, palomitas, algún tebeo barato y también juguetitos de plástico, de esos de colores chillones que duran lo que dura la ilusión del niño que los compra.

Pero lo que más demanda tiene en ese quiosco son las semillas de los sueños, unos sobrecitos de colores: azules, blancos, rojos, violetas… que compramos los del barrio cuando la realidad toca fondo y necesitamos sueños extras, nuevos y hermosos, para seguir adelante.

Allí hay semillas para todas las necesidades. Desde la blanca para el niño que ha suspendido los exámenes, hasta la marrón para la mujer que se ha quedado sin trabajo o la violeta para la que trabaja demasiado, la rosada para el enfermo de amor, la gris perla para el solitario… el procedimiento no requiere mucho esfuerzo. Llegas ante la mujer del quiosco, le pides un sobrecito de semillas ―entran tres o cuatro en cada sobre—, pagas la voluntad, nunca más de uno o dos euros, y luego te sientas en uno de los bancos, te comes las semillas, masticándolas lentamente y, casi de inmediato, la realidad se difumina y empiezas a vivir tu sueño. Suele durar una hora, poco más o menos, pero es suficiente para recuperar la sonrisa y volver a pisar con fuerza la realidad que nos ha tocado.

Por una ley no escrita, todos los que visitamos el quiosco y compramos esas semillas, guardamos sagrado silencio. No queremos que corra la voz y vengan de otros barrios a dejarnos sin nuestra necesaria ración de sueños.

 

María Jesús

 

 


jueves, 10 de septiembre de 2026




Receta para decirle adiós al verano

 

Se toma un buen pedazo de mar, cuanto más azul y salado, mejor, y se bate bien con unas cuantas nubes a punto de nieve; buscamos algunas puntas de sol sobrantes, que estén aún frescas, les damos una bonita forma, y con cuidado de no quemarnos, las echamos de una en una; seguidamente añadimos harina de estrellas fugaces, que previamente habremos reservado en las medianías de agosto, y espolvoreamos con alegría.

Aparte, vamos recalentando pedacitos de aire bien mezclados con suspiros y aleteos de abanicos, y le añadimos un chorrito de música verbenera, la de habaneras al ron también puede ser un buen sustituto. Con garbo y salero, tamizamos con aroma de jazmín y pétalos de geranios, de manera que quede un bonito dibujo, lo más centrado posible. Con todo en su punto, amasamos bien la nostalgia de algún atardecer dorado, lo unimos a la manteca suave y rosada de las auroras, y lo añadimos lentamente.

 Es opcional aderezar con un aleteo de gaviota o un trino de golondrina, pero si se opta por ello, mejor en pequeñas cantidades.

Se deja enfriar lo suficiente para que nos quepa en la alacena de los recuerdos, y… pasamos al otoño.

 

María Jesús

miércoles, 2 de septiembre de 2026

 





August

 

Reseña

 

 

Escribir bien, como sabemos todos los que de una forma u otra nos dedicamos a esto, no es fácil. Escribir muy bien, solo está al alcance de unos pocos, pero escribir muy bien y que además parezca sencillo y cercano, es ya algo casi milagroso. Este librito de apenas cincuenta páginas es una lectura muy especial, creo que fue escrita en algún momento en el que la conjunción de planetas —no sé si además con un eclipse solar de por medio― fue perfecta.

La historia, escrita en tercera persona, nos explica la vida de August, un conductor de autobuses viudo y a punto de jubilarse que lleva a un puñado de turistas de Praga a Berlín.

August es un hombre sencillo, amable, no demasiado inteligente, que es más o menos feliz con su existencia. Durante el trayecto se va desgranando su historia. Huérfano de guerra en la Prusia oriental de la Segunda Guerra Mundial, y aquejado de un problema pulmonar, es ingresado en un sanatorio donde conoce el amor, un amor platónico por una muchacha mayor que él. Nos explica de refilón su posterior paso por un orfanato, la plácida, pero nada apasionada relación con su mujer, su anodina vida cotidiana…

La historia maneja, con la misma soltura y acierto que las abuelas de antes manejaban las agujas de hacer ganchillo, el pasado mezclado con el presente, de manera que en sesenta páginas escasas tenemos una historia que nos llena como si fuera una saga completa.

A mí este personaje, salvando las distancias que son muchas y grandes, me recuerda al personaje que Chejov describió tan magistralmente en “La tristeza”, quizá porque esta historia es también una historia triste, pero como si lo fuera a su pesar, como si no se quisiera hacer alarde de esa tristeza.

Dicen que su autora Christa Wolf, la concibió poco antes de su muerte para regalársela a su esposo, Gerhard, en el sexagésimo aniversario de boda, intentando verter en ella algo de su propia infancia. Solo puedo decir que recibir un regalo así, te debe de hacer sentir el más afortunado de los mortales, un elegido de los dioses, diosas, en este caso.

Wolf, Christa, August, ed.Libros del Asteroide 2026. Traducción Marina Bornas

 

 

 


domingo, 23 de agosto de 2026

 




Tempus fugit

 

Pasa la vida ante mí,

el momento se desliza

entre el espacio y el tiempo,

es imposible apresarlo.

Ahora mismo es ya muy tarde

para alcanzar el ahora.

Ya no existe

lo que quiero recordar,

yo misma no soy ya aquella,

aquella, que hace un instante,

ha comenzado el poema

 

María Jesús

 

jueves, 30 de julio de 2026

 





5 julio

Carol, mi dulce compañera de curro, está buscando piso. Por fin ha decidido irse a vivir con su novio de toda la vida, o al menos, de los últimos tres años. Al parecer, Ferran, el novio, ha conseguido plaza en un colegio —es profesor de gimnasia—, y ahora ya con dos sueldos casi seguros, se han lanzado al despiadado mundo de la vivienda. Cada día nos trae una novedad y nos tiene al día de sus cuitas y aventuras inmobiliarias. Ayer mismo encontraron un piso, «ideal parejas», decía el anuncio. Treinta metros cuadrados, sin contar el alféizar de la ventana del comedor y el del dormitorio. La señora Sandina, que andaba por allí sacando el polvo, le dijo: «Será para parejas que se quieran mucho. De esas que están todo el día enganchadas y ocupan poco sitio». Carol, que suele vivir en un mundo ideal de gatitos y magdalenas de colores, no tiene demasiado criterio inmobiliario y anda dando bandazos, aunque eso sí, ella una vez metida en harina, no desfallece. Ha visto ya desde pisos de cien metros cuadrados con tres baños y un dormitorio, que, ya le dije yo, que ese, además de caro, —les pedían 1300 euros—, iba a estar reservado para el colectivo de personas con incontinencia o el de diarrea crónica, o ambos, pero que seguro que estaba pillado. Y no me equivoqué. Cuando llegaron allí, aunque solo hacía dos días que habían colgado el anuncio, ya estaba ocupado por una pareja. Hoy van a visitar uno de sesenta metros cuadrados, pero sin baño. Solo piden por él 900 euros más gastos de escalera, que serán leves porque no hay ascensor. Elena, que hoy también estaba con nosotras, y está más curtida en estas batallas, le ha dicho que no lo dejen escapar, que es una ganga. Yo le he preguntado por la menudencia del baño inexistente, pero Elena, muy segura, ha dicho: «Se lavan en la pica de la cocina y para lo otro, venden orinales».

Cuando he llegado a mi humilde morada, me han dado ganas de besar el suelo, pero he encontrado un charquito de pipí de Nicolás, que todavía está en proceso de aprendizaje, y he desistido.

 

Diario de una mujer del extrarradio. Pérez Barrios, María Jesús, Edit. Círculo Rojo, 2024.

De venta en Amazon, Libros. CC, Buscalibre, El Corte inglés, FNAC, La Casa del libro…

#Diariodeunamujerdelextrarradio

#CirculoRojo

#Narrativa

 


lunes, 20 de julio de 2026

 



                                                                                        Fotografía: Guy Dwelly


Sin venir a cuento

 

Aquel martes de agosto de 2022 amaneció, en la fabril y ajetreada ciudad de Manchester, igual que los demás días del verano, pero solo en apariencia, porque, sin venir a cuento, el tiempo había decidido caminar hacia atrás a una velocidad de vértigo. Ya a la hora del desayuno, la cola para calentar el agua del té en los hornillos de carbón, traspasaba los límites del lugar; poco después, las parrillas de hierro doraban piernas de jabalíes o espaldas de ciervos, a troche y moche; y un poco más tarde, casi a la hora del té, de las cuevas pareadas salían vivas llamaradas de hogueras recién encendidas.

La antigua ciudad, sin comerlo ni beberlo, se acercaba peligrosamente al tiempo de los velociraptores.

 

María Jesús

 

 

 

 


viernes, 10 de julio de 2026

 




Mi planta de naranja lima, José Mauro de Vasconcelos

Reseña

 

Confieso que me faltan calificativos para explicar este libro, esta joya que, aunque lleva años entrando por los ojos del corazón de los lectores, hasta ahora no había llegado a mí. Si digo que es dura, durísima, y delicadamente tierna; si digo que es tristísima, hasta el punto que es aconsejable leerla en algún lugar apartado, porque por momentos, el llanto nos puede vencer, si digo que es divertida, si digo que es poética, original y clásica a un tiempo… bueno, pues aún me quedaré corta.

Desde la voz infantil de un niño de cinco años, que de mayor quiere ser poeta, y que vive en los arrabales de algún lugar del Brasil a mediados del siglo pasado, nos llega su historia y la de la gente que lo rodea. Zezé es uno de esos personajes tocados por la varita de los dioses que de tarde en tarde sonríen a los escritores, y que entra en nuestras vidas para no salir nunca más de ellas. Su vida podría parecerse a la de algunos niños dickensianos, porque la injusticia social, el dolor, la infancia dejada de la mano de Dios, es la misma en todas partes, pero, ¡Ay, todo es más dulce si lo toca el sol del sur y no la niebla del norte!, y eso, amigos, es una trampa porque parece más fácil de digerir, algo así como si la injusticia y el maltrato, se vistieran con los colores cálidos del Brasil, pero contuviera tanta dureza como cualquier otra. A veces el olor de la rosa, disimula sus espinas. Y, a veces, también, la ternura cambia vidas.

En fin, yo aconsejo su lectura encarecidamente, porque hay veces, algunas, en que la literatura es capaz de sembrar y esparcir sus historias por la superficialidad y la indiferencia de la tierra yerma de este mundo y de nuestros corazones, y hacer crecer en ellos una planta de naranja lima.

 

Vasconcelos, José Mauro. Mi planta de naranja lima. Editorial Libros del Asteroide (2011) Traductor: Carlos Manzano

martes, 30 de junio de 2026

 





Una mosca peculiar

 

Quizá porque vio su primera luz en un oscuro rincón de una vieja y nutrida biblioteca, la mosca era culta e inteligente, y supo aprovechar bien su limitado tiempo de vida.

En los escasos veinte días que duró su existencia, desdeñó el volar muy lejos o zascandilear de aquí para allá como sus otras congéneres y, solo se posó sobre los libros de poesía que encontró abiertos y, alguna vez, sobre el lomo dulce de un par de gatos que dormitaban por allí.

Creo que un atardecer también se paseó por los pétalos de una rosa encarnada que crecía en el jardín.

Jamás sobre un ser humano.

 

María Jesús

 


sábado, 20 de junio de 2026

 





La cereza

 

La cereza, vestida de charol verde,

nace

menuda y redonda

en una primavera malva

La cereza, vestida de charol rojo,

se despereza y crece

mecida al sol y al aire tibio

de una primavera lila

La cereza, vestida de charol negro

se balancea y cae

airosamente y sin prisa

en el tapete de fina hierba…

muerte violeta,

que solo el cerezo siente.

María Jesús

 

 


miércoles, 10 de junio de 2026

 





El fin del mundo

 

Aunque son muchos los que creen que no existe, están equivocados.

El fin del mundo suele llegar al menos, una o dos veces, al final de cada siglo.

Entra tan campante y se queda unos días, a mesa puesta y cama hecha.

A veces llega en invierno, con los fríos de diciembre; otras, aparece hacia junio, coincidiendo con el solsticio de verano.

La verdad es que para poco por aquí, y durante el tiempo en que está siempre encuentra excusas, que no convencen a nadie, para posponer su trabajo. «Que si no es el momento, que si ha perdido el libro de instrucciones o la hoja de ruta, que si hoy llueve y mañana hace sol...».

Muchos empiezan a sospechar que en realidad el «señor» es un vago de tomo y lomo, que no quiere doblar el espinazo y actuar de una vez por todas.

Aunque yo creo que, en el fondo de los fondos abismales, es, simplemente, un romántico indeciso al que le da pena variar el curso de la historia.

 

María Jesús

 


sábado, 30 de mayo de 2026

 





Las ventanas en otoño

 

Las sombras parecen humanas y los humanos meras sombras que trajinan por las casas por detrás de las ventanas.

Si te fijas puedes ver los rituales familiares a través de la tela, más o menos transparente, de las cortinas echadas: meriendas, juegos, charlas intrascendentes, acaso algún gesto airado o un beso, un cuaderno de deberes extendido en una mesa, un libro dormitando entre unas manos, una mirada al vacío, una plancha que no cesa, unos pasos desganados, alguien que se inclina, una risa o un bostezo… pequeños retales de vida que se observan —si te fijas— en las tardes del otoño, más allá de las ventanas.

 

María Jesús

 

 


miércoles, 20 de mayo de 2026

 



Lágrimas

Me abandono ante cada lágrima

que cae llenando de sal mi piel

hechas del más caro dolor

forjadas en el más puro sufrimiento

educadas en la más selecta pena

escogidas una a una por el exigente corazón

como granos virginales de cristal

esencia perfecta que resbala por mi piel

acompasadamente acompañadas

por el ritmo apasionado y entregado

de mi pecho

 

María Jesús

 

 




domingo, 10 de mayo de 2026

 





Dudas y reflexiones bienaventuradas

 

Sin ánimo de ofender a nadie, y mucho menos de hacer de profeta —¡con lo saturada que está la profesión!― tengo yo para mí, que a Jesús, el día del Sermón de la montaña, la alegría le pudo. Es natural, allí en medio de tanta florecilla, trino de pájaros y frondosos árboles, entre amigos y respirando el aire puro de entonces y, rodeado de toda la belleza que su buen padre creó, ya digo, se embriagó de hermosura y se vino arriba, y ya, en racha, nos soltó las Bienaventuranzas.

Veamos algunas de ellas que, junto a mis dudas y reflexiones, he anotado aquí en fraternal armonía.

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos… pero mi pregunta es que se hará con los pobres a secas, los de toda la vida, ¿tendrán también derecho a un trocito de reino? O los meterán en un campo de refugiados cualquiera.

Está escrito que los mansos heredarán la tierra… igual peco de desconfiada, pero no dejo de pensar lo que tardarán los terratenientes en impugnar el testamento.

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios… pero hasta el momento, el nombre del detergente, paño o gamuza, que podemos usar para limpiarlo, si es que existe, permanece en el anonimato.

*Apunte: es de suponer que, a los que, además, les brille, tendrán puntos extras para el evento.

Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios… esta sí, que sí, aquí Jesús echó los restos. Humildemente le sugiero, que tal y como está el patio desde hace más de dos mil años, vale más que Dios empiece a pensar en adoptar un venusino.

Lo que yo digo: el hombre, rodeado de hermosura, se nos vino arriba.

 

María Jesús

 

 


jueves, 30 de abril de 2026

 





Asesinato en el RIchelieu

Reseña

 

Estamos ante una novela de misterio situada en los años treinta del siglo pasado, en algún lugar del sur de Estados Unidos. La protagonista es una vieja ―para la época, claro— solterona, de buena posición, carácter agrio y vista de lince para controlar al prójimo. La señora, una auténtica dama del sur, con todo lo que ello implica en cuanto a mentalidad y trato con los subordinados y la raza negra, se hospeda en el hotel Richelieu en régimen de huésped permanente; allí también los hay temporales y, mira tú por donde, es uno de estos el primero en aparecer asesinado, justamente en la habitación de Adelaide Adams, nuestra protagonista.

A partir de aquí empiezan a desfilar unos cuantos, bastantes, personajes que nos amenizan el relato y nos van conduciendo ahora hacia un sospechoso, ahora hacia otro. Entre los secundarios tenemos, por ejemplo, a Sophie, la dueña del hotel y a su joven y ladino esposo; una madre e hija, de comportamiento harto extraño; una tía y su sobrina, esta, algo descocada; un matrimonio desgraciado y, por supuesto, el personal del hotel, que tampoco es moco de pavo. La protagonista, con mano firme y sin pelos en la lengua, nos va contando en primera persona lo que allí pasa, lo que podría pasar y hasta lo que ha pasado.

He leído por ahí que Adelaide podría ser la Marple americana, pero yo no estoy de acuerdo, este personaje prepotente y sin nada de dulzura, no me recuerda a la querida Jane con sus labores de dulces colores, sus tazas de té y sus copitas de jerez vespertino; en realidad, Adelaide no resuelve ningún crimen, aunque son varios los que aparecen en el libro; ella es más bien como el hilo conductor de los sucesos del hotel.

En mi opinión es una lectura recomendable para los aficionados a la literatura de misterio de la llamada Edad de oro de los años treinta. Tiene humor, su ladito social, sus destellos amorosos y una trama con variados giros y unos personajes creíbles y bien moldeados.

Blackmon, Anita, Asesinato en el Richelieu, editorial Siruela 2023. Traductor: Pablo González Nuevo

 

María Jesús

 


lunes, 20 de abril de 2026

 





Los caminos del Señor son inescrutables

 

Yo no tenía que estar aquí. Lo repito: yo no tenía que estar aquí. Tenía que estar sudando birras y bailando como un macaco en el concierto. Pero la vieja me tomó al asalto:

―Anda, hijo, ayúdame a subir el carro de la compra, que tienes cara de buen chaval.

Y como aún faltaba un rato para la hora en la que había quedado con la peña, pues me presté. Quién me mandaba a mí ayudar a subir carros de la compra a abuelas chochas por escaleras apestosas. «Dios te lo pagará, hijo. Ten cuidado con los escalones, que son muy traicioneros», me dijo la jodía.

Malditos escalones, maldita vieja y maldita suerte.

Y cuando se lo he explicado al hippie grandullón este de las barbas blancas y la superllave al cuello, va y me suelta con mala baba: «Chico, los caminos del Señor son inescrutables».

 

María Jesús

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 10 de abril de 2026

 





Diario de una mujer del extrarradio

 

26 marzo

Plácido domingo en el que he conseguido acabar la novela de Reyes. Creo que me ha gustado, aunque como la he leído a trompicones, del principio me acuerdo poco. Tomo nota para que la próxima: A: tenga los capítulos más cortos y, B: no tenga tantas páginas, que a veces parece que las escriben a peso.

Este trimestre creo que tendré un poco menos de tiempo porque me quiero matricular en clase de Relajación o Yoga, o algo que me desconecte del mundanal ruido o, al menos, que me lo ponga en sordina. Tengo la sensación de un tiempo acá que solo hago que recibir información, alguna o la mayoría de la cual, me la trae al pairo. Estoy empezando a no discernir entre lo importante y lo que me importa un comino.

Otro propósito de primavera es anotar las cosas que no entiendo. No ya teorías de los agujeros negros o la levedad de los seres, sino los misterios de lo cotidiano, tipo:  por qué si saco algo de una caja llena, luego me caben en ella menos cosas que antes, o por qué las frutas llevan etiquetas con más información que algunos currículos de los que trabajan en la NASA o, ya la cuestión estrella, que me gustaría ver aquí al propio Einstein resolviéndola: por qué nos cobran por las bolsas en las tiendas y luego nos lo dan todo envuelto en plásticos… mejor no anoto nada porque como dice mi sobrino pequeño, Pablo, no me daría la vida.

Diario de una mujer del extrarradio. Pérez Barrios, María Jesús, Edit. Círculo Rojo, 2024.

De venta en Amazon, Libros. CC, Buscalibre, El Corte inglés, FNAC, La Casa del libro… (Bajo demanda)

 

 

 


lunes, 30 de marzo de 2026

 






Voy buscando

Voy buscando…

alfileres de colores,

angelitos de la guarda,

piedras filosofales,

virutas de chocolate,

olores que traen historias,

amaneceres con frío,

anocheceres lejanos,

estrellas de purpurina,

gatos llenos de ternura,

buena fe por las esquinas,

bolsos llenos de secretos,

profundidades marinas,

lejanías de montañas,

libretas para escribir,

lápices por estrenar.

Voy buscando…

miradas que me acaricien,

y corazones que curen,

manos que borren las quejas,

el silencio de las nubes,

la música de las hojas

-las del árbol, las del libro-

el color de la alegría

los matices del azul,

el tono de la tristeza,

el corazón de una flor,

la mirada de una estrella,

la sonrisa en las muñecas,

la gravedad de los perros,

el misterio de las almas.

Voy buscando…

 

María Jesús

 

  

 


viernes, 20 de marzo de 2026

 





Sueños de juventud

 

En el palacio todos sabían que, en las noches de luna llena y cielo claro, podían encontrarlo en lo más alto de la montaña. Allí, catalejo en mano, observaba durante horas aquel punto azul que, sin voluntad aparente de llegar a ningún lado, giraba alrededor de la gran estrella dorada, por pura inercia.

Le enternecía ese rotar continuo y consentido, el vagar arriba y abajo de sus frágiles habitantes, sus efímeras vidas, sus historias repetidas… y decía, a quien quisiera escucharlo, que algún día él llegaría hasta allí y, con su sola presencia, cambiaría el rumbo de las cosas.

Su padre sonreía con disimulo y le seguía la corriente.

Es costumbre de los dioses no contradecir nunca a los soñadores.

 

María Jesús

 

 


martes, 10 de marzo de 2026

 



Letras de mariposas

 

Letras de mariposas

rojas, amarillas, negras

se posan sobre el cuaderno

nacen formas y colores,

doy matices y, obstinadamente,

pulo ribetes y esquinas

enhebró luego con hilos

que emergen del pensamiento

 voy escribiendo despacio

con el corazón abierto

letras de mariposas

azules, naranjas, blancas

que aletean en el aire…

Aunque quizá

nunca rocen

el pétalo de una rosa

 

María Jesús